El límite de velocidad es uno de los factores por los que la gente tiende a irritarse al volante. Y es que cuando vamos andando y tenemos prisa, corremos y llegamos antes, pero con el coche no podemos correr más y quebrantar las normas de circulación, por lo que puede causar irritación en muchas personas ver que llegan tarde y no pueden hacer nada por evitarlo.

A este motivo debemos añadir también la tendencia a la territorialidad con respecto a nuestros vehículos, pues son nuestro espacio privado, como una burbuja, y conducimos por lugares públicos y bastante concurridos, algo un tanto contradictorio e incómodo para muchos conductores.

Precisamente las consecuencias de la territorialidad asociada con la furia al volante fueron
confirmadas gracias a un estudio llevado a cabo en la Universidad de Colorado en 2008. En dicha investigación, se confirmó que las personas que se esfuerzan en personalizar sus coches, un signo, por cierto, que es propio de la territorialidad, son más propensos a padecer ataques de furia mientras conducen.

No obstante, no debemos confundir esta idea con la suposición de que la acción de conducir nos transforma y nos vuelve más agresivos violentos, porque no es así. Generalmente, y según han demostrado numerosos estudios, las personas con tendencia a sufrir ira al volante son los que suelen ser más impulsivos, narcisistas, competitivos y agresivos en su vida diaria.

Otro estudio realizado por la Universidad de Temple, en Filadelfia, ha determinado porqué algunos individuos, a pesar de ser ciudadanos ejemplares, son muy propensos a sufrir ataques de ira al volante. Y es que los rasgos de nuestra personalidad no se pueden esconder, ni siquiera en el coche.

De este modo, las personas con tendencia al narcisismo y a la competitividad son más propensas a provocar situaciones de estrés mientras conducen en mitad de un atasco.

“Manejar el coche es una habilidad psicomotriz compleja que llegamos a automatizar, y el hecho de que podamos realizarla con el ‘piloto automático’ hace que generalicemos la creencia de que es algo sencillo”, explica el psicólogo especializado en conducción Ignacio Calvo. Además añade que: “Conducir es un acto sumamente estresante y vernos contrariados por un hecho inesperado puede ser interpretado como una provocación, con la consecuente activación de nuestra ira.”

Si a todo esto le sumamos la carga de estrés que acumulamos cada día, es comprensible que nos veamos superados en nuestra gestión emocional. “La cólera al volante es una situación compleja en la que la personalidad se combina con esa inestabilidad emocional y la interpretación de las reacciones de los demás como provocativas”, aseguró el doctor Calvo. Por esta razón, las personas competitivas y narcisistas pueden tomarse la conducción como la ‘arena’ donde batirse con sus contrincantes, o lo que es lo mismo, el resto de los conductores.

Así lo definía el experto Ignacio Calvo: “Sí entiendo que personas narcisistas puedan sentirse los amos de la pista y discrepen constantemente con la manera de conducir de los demás.” Además, según Calvo nadie escapa a esta irascibilidad tenga la edad que tenga, así como tampoco es cuestión de género.

La solución que nos ofrece Ignacio Calvo es la siguiente: “El antídoto es una correcta gestión del estrés tanto dentro como fuera del coche, trabajando en la relajación, en el control de los pensamientos y en el reconocimiento de la irracionalidad de los mismos.”

O lo que es lo mismo; respira hondo, relájate y no te dejes dominar por la ira. Aunque lo más importante es no culpar a los demás por no haber salido antes para llegar a tiempo.

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