Esta especie de medusa, animal que vive principalmente en las costas de Australia, es
quizá la criatura más mortífera que podamos imaginar.

En la temporada comprendida entre octubre y mayo, nadie se atreve a meterse en el
agua en ciertas playas australianas. Las medusas cofre se acercan a la costa a criar;
bañarse entonces es correr el peligro de toparse con una muerte instantánea.

Las medusas cofre, también conocidas en Queenland (Australia) como “aguijones
marinos“, son capaces de proporcionar una agonía terrible y difícil de imaginar.

El dolor más profundo e intenso que uno sea capaz de concebir, es producido por la
picadura de esta medusa, animal en apariencia inofensivo.

La cubomedusa australiana, el ser vivo más venenoso que se conoce
Pero, no en vano, la medusa cofre es el animal más letal de su especie.

En el Museo Tropical de Townsville se guarda un ejemplar, para quien quiera contemplar a esta medusa, animal de diseño simple y, a su vez, terrorífico: dentro del frasco flota una medusa translúcida de forma rectangular (de ahí el nombre de cubomedusa, por el cual también es conocida).

De apenas diez centímetros de largo por cinco de ancho, presenta en cada uno de sus
cuatro extremos un racimo de tentáculos enrollados que apenas sobresalen tres centímetros.

Contrariamente a lo popularmente se viene creyendo, respecto a su movimiento, y a
diferencia de las medusas comunes, que en su mayoría son ciegas, la cubomedusa o
medusa cofre posee cuatro grupos de veinte ojos.

No está claro si puede seguir objetivos con la vista, así como tampoco la manera en
que procesa las imágenes, pues carece de sistema nervioso central.

Esta terrible medusa nada en impulsos de 1,5m. por segundo, una velocidad más que
suficiente para atrapar peces, alimento principal de esta especie de medusa, animal
mortífero de necesidad.

Su hábitat más común suelen ser las aguas tropicales de Australia, así como otras áreas
del océano Índico occidental y del océano Pacífico.

También se tiene constancia de su presencia en aguas de Papúa Nueva Guinea, Filipinas y Vietnam. Aunque su distribución exacta es difícil todavía de precisar.

Es curioso saber que existen algunos animales, como en este caso son las tortugas de
mar, que resultan inmunes a sus picaduras, llegando a alimentarse incluso de ellas, ya
que su toxina no les afecta en modo alguno.

Una terrible anécdota sobre esta medusa, animal mortífero
En el libro En las antípodas, Bill Bryson narra una anécdota, que describe terrible y perfectamente de lo que es capaz de perpetrar esta delicada bolsita transparente, conocida como medusa cofre:

En 1992, un joven de Cairns, hizo caso omiso de todas las advertencias sobre la presencia de medusas en el mar, y se fue a nadar en aguas del Pacífico a un lugar llamado Holloway Beach.

Se bañó y zambulló, riéndose de sus amigos, que permanecían en la playa, y a los que
tachaba de cobardes.

De repente se puso a gritar de una manera inhumana. Se dice que no hay dolor
comparable.

El joven se arrastró como pudo y penosamente fuera del agua. Estaba cubierto de
rayas que aparentaban latigazos donde los tentáculos de la medusa lo habían rozado.

Sufrió un ataque de temblores. Cuando poco después llegó la ambulancia, lo llenaron
de morfina y se lo llevaron para atenderlo.

Lo peor es que incluso inconsciente y sedado no paraba de gritar.

Así que mucho cuidado, y no olvidemos nunca las advertencias si alguna vez estamos
tentados en zambullirnos en alguna de estas aguas.

En según en qué época del año, pueden encontrarse infestadas de numerosos individuos perteneciente a la especie de esta medusa; animal mortífero y de picadura terrible, de consecuencias fatales y extremadamente dolorosas.

 

 

 

 

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