Aunque hoy sabemos que no es así como funciona el universo, sí hay un cuerpo celeste para el que esa afirmación es cierta, la Luna, el único satélite natural de nuestro planeta. La distancia entre la Tierra y la Luna y la relación de movimiento entre ambas ha sido un tema de interés en la ciencia de los últimos 2000 años, como mínimo, uno de los
temas más permanentes de todos los que atañen a la astronomía.

La distancia entre la tierra y la luna
Tras establecer que la Tierra era el centro del universo, los griegos se dieron cuenta de que el cuerpo celeste más cercano a nuestro planeta tenía que ser por fuerza la Luna, ya que era el único que se percibía en toda su extensión y con total claridad en el cielo nocturno. Y, ya que era el más cercano, por fuerza tenía que ser aquel en el que la distancia fuera más sencilla de calcular.

El primero que lo intentó fue Aristarco de Samos (320-250 a.C), que utilizó para sus cálculos la curvatura de la sombra de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse lunar. Eso le dio una medida muy baja.

Un siglo más tarde, Hiparco de Nicea (190-120 a.C) llegó a la conclusión de que la distancia Tierra Luna era de unas treinta veces el diámetro de la Tierra, lo cual serían aproximadamente 384.000 kilómetros.

También calculó que el Sol se encontraba unas 20 veces más lejos que la Luna, es decir, que la distancia en kilómetros entre la Tierra y el Sol sería de unos 8 millones de kilómetros (mucho menos de lo que se calcula hoy en día, 147 millones de kilómetros). En cuanto a la Luna, aunque el método de cálculo era bastante simple (midió mediante trigonometría el Angulo entre la Luna y el Sol), el resultado fue bastante preciso.

Hoy en día, los cálculos se realizan con mucha precisión, midiendo el tiempo que tarda la luz en recorrer la distancia entre distintas estaciones terrestres que recogen la señal lumínica, y así es como sabemos que la órbita de la Luna es irregular y que la distancia media entre ambos cuerpos es de 384.317,2 km.

La distancia máxima (apogeo) es de 406.700 km, y la distancia mínima (perigeo), es de 356.500 km.

Se trata, en todo caso, de una distancia realmente baja en relación con el resto de las distancias espaciales, ya que lo siguiente que tenemos cerca es Venus, que se encuentra a 40 millones de kilómetros, pero es suficiente espacio cómo para que quepan en él todos los planetas del sistema solar puestos en fila.

En todo caso, esa distancia baja posibilita que la Luna sea accesible desde la Tierra y que un viaje tripulado a la Luna pueda regresar. Además, la brevedad de la distancia hace que la Luna tenga un influjo directo sobre la Tierra: la fuerza de atracción entre ambos cuerpos es la que da lugar a las mareas.

 

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