Las huellas dactilares de cada persona se forman ya en el vientre materno. Un proceso por
el cual la piel va tomando y adquiriendo todos y cada uno de los movimientos que se
producen en el feto hasta dar lugar a una huella única y genuina. Algo que se ha ido
descubriendo con el tiempo y que numerosas teorías han podido constatar.

Las huellas dactilares, también conocidas como dactilogramas, se crean en la décima
semana de embarazo aproximadamente y se hacen ya totalmente definitivas cuando el feto
cumple 6 meses. Es a partir de aquí cuando se convierten en únicas e inmutables, ya que
permanecerán inalterables hasta la muerte de esa persona.

La teoría e investigaciones de Francis Galton
El antropólogo inglés Francis Galton fue la primera persona que estudió las huellas
dactilares como algo único y propio de cada persona. Lo hizo allá por el año 1892 y
descubrió que dos huellas dactilares podrían coincidir en una probabilidad de 1 entre 64
billones, una cifra que supera a la población mundial.

A partir de la teoría de Galton se estima que todas las huellas dactilares son diferentes
en cada persona. No en vano, tenemos como gran ejemplo las huellas de los gemelos que,
aun compartiendo el mismo código genético y teniendo muchos rasgos en común, pueden
resultar diferentes a efectos de la investigación. Precisamente, desde finales del siglo XIX, y a raíz de Galton, las huellas dactilares se vienen utilizando para la identificación de
personas.

Un patrón de formación no lineal
Una vez que la huella dactilar se forma ya no cambia para el resto de la vida. Cada huella
está formada por un patrón de formación no lineal que se halla muy condicionado por las
circunstancias que se dieron al inicio de su formación, como por ejemplo la ubicación exacta del feto en el útero, la densidad del líquido amniótico, etc. Es por esta razón por la que se puede asegurar que cada huella dactilar es única.

Otra de las razones que se suele dar para especificar que no hay dos huellas dactilares
iguales es el hecho de que no están determinadas en nuestros genes. Formadas entre el
tercer y cuarto mes de embarazo, las huellas no solo dependen de nuestra información
genética, sino que su patrón también está condicionado por el ambiente.

No obstante, y a pesar de todo lo dicho hasta ahora, existe una situación excepcional en
algunas personas en referencia a las huellas dactilares. Se trata de la situación conocida
como adermatoglifia, que se corresponde con nacer sin huellas dactilares. Una rara
condición genética que afecta a muy pocas personas en todo el mundo.

En definitiva, hay múltiples estudios e investigaciones que han determinado que las huellas
dactilares son diferentes en cada persona. Una condición que tuvo sus orígenes a finales
del siglo XIX y que se ha mantenido y reafirmado a lo largo del tiempo. El patrón de
formación no lineal de cada huella hace que esta sea única e inalterable.

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