Las curiosas tradiciones que seguirá (o no) Meghan Markle en su boda

Las curiosas tradiciones que seguirá (o no) Meghan Markle en su boda

Las bodas reales británicas están llenas de antiguas costumbres, desde las flores de la novia hasta el oro de las alianzas. Meghan Markle debe cumplirlas

La boda del año no para de generar noticias. Todo iba como la seda hasta que, al fin, ha sido la propia novia la que ha confirmado que su padre, Thomas Markle, no podrá asistir a su enlace con Harry de Inglaterra. Con ello se rompe una de las más arraigadas tradiciones, la del progenitor llevando de su brazo a la novia hasta el altar. Aunque se habló del propio novio o incluso de su madre para ejercer esa función, justo un día antes del enlace se ha conocido que lo hará su suegro, el príncipe Carlos. Por otro lado, Meghan Markle tiene a su alcance muchas otras antiguas costumbres que tienen que ver con la Familia Real británica con la que va a emparentar. Otra cuestión es si decide seguirlas, o no. 

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Las tradiciones se han ido inventando y adaptando a lo largo de los siglos. Las bodas actuales se parecen, sobre todo, a las que se celebraban en el siglo XIX, y de ahí proceden muchos detalles curiosos, que desde el palacio de Kensington nos han recordado estos días. Los vestidos de novia, las flores, las joyas, los recuerdos… Todo se ha medido siempre al milímetro, pero desde que estos acontecimientos son retransmitidos por televisión a todo el mundo, todavía mucho más. Nada puede fallar.

La boda del futuro Rey Jorge V con Mary de Teck congregó a unos 100 invitados en la capilla del Palacio de St. James, allá por 1893. El sábado 19 de mayo serán al menos unos 200 millones los que puedan estar presentes en la ceremonia y el desfile de carruajes posterior en Windsor. Y todo ello sin moverse de casa. Harry y Meghan Markle forman una pareja moderna, pero también muy ligada al respeto por el pasado y el culto a las tradiciones, aunque sea reinterpretadas. Veremos cuáles de estas prefieren seguir… 

 

El Instrumento de Consentimiento Real

Todos damos por hecho que la boda de Harry y Meghan se celebraría el 19 de mayo. Sí, pero no sin antes publicarse un antiguo documento en el que el monarca de turno dé su consentimiento a un miembro de su familia. En este caso la Reina Isabel a su nieto Harry. Una semana antes del enlace, el Palacio de Buckingham presentó el documento oficial, escrito e ilustrado a mano, a la antigua ausanza, sobre papel vitela, en el que se muestran los emblemas de los contrayentes, repletos de símbolos relativos a sus respectivos países y a la Corona británica. La firma de la Reina Isabel aparece en el extremo superior derecho como “Elizabeth R”.

Sin tiara

La Reina Victoria fue toda una adelantada de su época, prescindiendo de la tiara en su boda con el príncipe Alberto, el 10 de abril de 1840. En su lugar se puso una corona de flores de naranjo, emblema de castidad. En los años siguientes, su marido iría obsequiándola con diferentes piezas de joyería con la forma de esta flor como símbolo de su amor. También su vestido blanco marcó tendencia para las futuras novias de la era victoriana (así bautizada en honor de la soberana). Todas sus hijas y nueras lucieron guirnaldas de naranjo en sus trajes nupciales. Los bordados del vestido de Isabel II, por supuesto, también incorporaron este diseño. Todos buscamos en el Joyero Real la tiara que podría lucir Meghan en su boda, pero aquí podríamos encontrar una pista interesante…

El anillo de oro galés

La Reina Madre, la actual Reina Isabel, la Princesa Margarita, la Princesa Ana y Diana de Gales tuvieron algo en común en sus respectivas bodas: sus alianzas. O más bien, el material con el que estaban forjadas. Y es que todas habían salido de la misma pepita de oro Galesa, procedente de la mina Clogau St. David’s, en Bontddu. Todavía queda un gramo de este preciado trozo, custodiado por la oficina de The Privy Purse. Pero no hay que perder las esperanzas: en noviembre de 1981 la Legión Real Británica regaló a la Reina una pieza de 36 gramos de oro galés de 21 kilates, que ahora tienen los Joyeros de la Corona para utilizarlo en los anillos de boda de la actualidad. 

Una ramita de mirto

Desde la Reina Isabel hasta la Duquesa de Cambridge, todas las novias reales británicas han incluido alguna ramita de mirto en su ramo nupcial. ¿El porqué? La tradición se remonta a la boda de la hija mayor de la Reina Victoria y el príncipe Alberto, también llamada Victoria, celebrada el 25 de enero de 1858. El mirto representa el amor, la fertilidad y la inocencia. Además procede de un arbusto plantado en Osborne House, la residencia de vacaciones de la Reina Victoria en la isla de Wight, que le había regalado al príncipe Alberto su abuela en 1845. Las flores descendientes de esta planta todavía se conservan en la misma casa. 

Flores en la Tumba del Soldado Desconocido

Esta es otra de las tradiciones más curiosas y recientes. El día de la boda de Elizabeth Bowes-Lyon y el futuro Jorge VI, padres de Isabel II, en 1923, la novia entró en la Abadía de Westminster y se paró frente a la placa que recuerda a los caídos en las guerras. Entonces dejó allí su ramo de novia, gesto en recuerdo de su propio hermano, Fergus, que murió en la Batalla de Loos en 1915 durante la I Guerra Mundial. Hasta la fecha es la única novia real que ha caminado hasta el altar sin sus flores. Ahora lo que se hace es que dejan su ramo a la salida de la iglesia. 

El posado oficial

Que los recién casados hagan un posado oficial tras darse el “sí, quiero”, y antes de la recepción, es una costumbre que se remonta a la boda del futuro Rey Eduardo VII (hijo de la Reina Victoria) con Alejandra de Dinamarca, el 10 de marzo de 1863, cuando la fotografía era el invento más moderno. A partir de entonces se convirtió en un paso obligado en las bodas reales para distribuirse posteriormente a través de postales (a menudo coloreadas para dar la apariencia de un cuadro), tarjetas y otros recuerdos que hiciesen que el pueblo conociese mejor a sus royals. Las fotos oficiales de Harry y Meghan las hará Alexi Lubomirski, quien ya les retrató con motivo de su compromiso. 

La tarta nupcial que nadie se come

En todas las bodas reales la tarta ocupa un lugar importante y simbólico a la vez. Suelen contener frutas y referencias a flores patrióticas, como el cardo y la rosa. Harry y Meghan le han encargado la elaboración de su pastel nupcial a Claire Ptak, quien ya ha dicho que contendría flor de saúco y limón, y todos los “sabores de la primavera”. Pero nadie se lo comerá. Es decir, la preciosa tarta con varios pisos (hasta ocho tuvo la de Guillermo y Kate, en la foto) se conservará tal cual, como parte de otra tradición. Eso sí, los invitados podrán degustar el mismo pastel, pero en pequeñas porciones individuales. Hace unos años, se subastó un trozo de tarta de la boda de Carlos y Diana que alcanzó los 800 euros.  

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