Haakon y Mette-Marit, primera boda real del siglo XXI

Los herederos noruegos protagonizaron la primera boda real del siglo XXI, además de una gran proeza. El de Haakon y Mette-Marit, una estudiante de Antropología sin una gota de sangre azul, que además era madre soltera, probablemente hubiera sido un amor imposible de no haber contado con la coherencia y la comprensión de los reyes Harald y Sonia, quienes en su día sufrieron en carne propia la rigidez de la monarquía y tuvieron que esperar diez años a que el rey Olav consintiera la boda de su heredero con la hija de un comerciante textil.

El 1 de diciembre de 2000, los monarcas noruegos, que habían reconocido en la joven pareja los fuertes sentimientos que un día les guiaron a ellos, anunciaron el compromiso, y al año siguiente, el 25 de agosto, Haakon y Mette-Marit escribieron el final feliz de su particular cuento de hadas con una emocionante boda en la catedral de Oslo, precedida de varios días de festejos que incluyeron la despedida de solteros de los novios, cenas de gala y hasta un crucero por el fiordo de Oslo a bordo del yate real, Norge.

La boda, por otra parte, tenía un aliciente muy especial para los españoles, ya que entre los invitados se encontraba Eva Sannum, la joven modelo noruega con la que el príncipe de Asturias llevaba casi cuatro años de relación semiclandestina.

15La novia no defraudó

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El día que los herederos noruegos se convirtieron en marido y mujer, rodeados del fervor de su pueblo y de una intensa emoción, la novia no defraudó. Mette-Marit, espléndida, llevaba un maravilloso vestido de novia creado por los modistos noruegos Ove Harder Finseth y Anna Bratland, e inspirado en el que en su día llevó la reina Maud, bisabuela de Haakon. El original ramo era una larga guirnalda trenzada con perlas, hojas verdes y flores.

14Dos padrinos

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Los novios, que tuvieron dos padrinos, el príncipe Federico de Dinamarca y Linda Tanevic, íntima amiga de Mette-Marit, entraron juntos en la catedral, cuya puerta, que data de 1697, estaba presidida por un gran dosel. En el interior del templo, adornado con bouquets de rosas y hortensias, esperaban ya los 800 invitados al enlace, entre ellos, representantes de las distintas casas reales europeas, siete reyes y reinas y30 príncipes y princesas, y las principales autoridades políticas de Noruega.

13Como una princesa medieval

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Haakon y Mette-Marit llegaron al altar muy emocionados y con las manos entrelazadas. Él vestía el uniforme de gala de la Armada noruega, y ella, como una princesa medieval, resplandecía en un vestido confeccionado con 125 metros de seda y provisto de una cola de dos metros de largo. El espctacular velo, que medía seis metros, fue un préstamo de su suegra. Mette-Marit, además, llevaba en el pelo una tiara de 1910, regalo de los reyes Harald y Sonia.

12Emoción desbordada

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Las palabras de Gunnar Stalsset, máximo representante de la Iglesia luterana de Noruega y encargado de oficiar la ceremonia, desbordaron la emoción de los contrayentes, que tuvieron que enjugar sus lágrimas en varios momentos de la ceremonia. “Fe, esperanza y amor pocas veces tienen tanto que ver. El amor es lo más grande, solo él puede convertir el deber en un reglo”, les dijo el obispo Stalsset.

11Marido y mujer

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“Querido Haakon, lo que tú has elegido se te entrega como regalo”, dijo el oficiante antes de repetir la fórmula a Mette Marit en el momento crucial de la ceremonia. A continuación, los novios pronunciaron un escueto “Ye”, equivalente al “sí, quiero” e intercambiaron las alianzas, diseñadas en oro blanco por Esther Helen Slagsvoldof y regaladas por la Fundación Norwegian Goldsmith. Haakon de Noruega y Mette-Marit Tjessem ya eran marido y mujer.

10Los padres de Mette-Marit

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Los novios ofrecían una imagen impresionante en el incomparable marco de la Domkirke, la catedral de Oslo. A la derecha del altar, unos emocionados Harald y Sonia siguieron la ceremonia junto a los padres de Mette-Marit, divorciados desde hacía años y reunidos en el enlace de su hija. Marit Tjessem, acudió con su segundo marido, el ingeniero Rolf Bernsten, y Sven O.Hoiby, con su entonces pareja, la cantante Jorunn Wold. En el exterior, cientos de noruegos vieron la boda a través de pantallas gigantes de televisión.

9Paseo por el centro de Oslo

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Tras la ceremonia, y ya convertidos en marido y mujer, Haakon y Mette-Marit recorrieron el centro de Oslo en un Lincoln Continental descapotable que perteneció al rey Olav, el mismo que habían utilizado Harald y Sonia tras su boda, en 1968, hasta llegar al Palacio Real, donde cientos de noruegos se habían congregado para felicitar al heredero y dar la bienvenida a la nueva princesa.

 

8Marius, un principito

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Haakon y Mette-Marit, junto a sus respectivos padres y hermanos, saludaron emocionados desde el balcón del Palacio Real a una multitud que les vitoreaba enardecida. Pero el entusiasmo de los noruegos se desbordó cuando la princesa cogió en brazos a su hijo Marius, un principito de cuatro años que había hecho de paje durante la ceremonia y que tenía a todo el mundo encandilado:”Es una de las cosas que más agradezco de esta relación”, había dicho Haakon en una entrevista previa a la boda.

7Harald y Sonia revivieron su propia boda

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Los reyes Harald y Sonia, padres del novio, revivieron emocionados el triunfo de su propia boda, 33 años atrás. La soberana noruega estaba impresionante con un vestido de tafetán y manga japonesa en color verde esmeralda, complementado con la Gran Cruz de la Real Orden de San Olaf y una tiara de brillantes y esmeraldas.

6Sofía y Felipe

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En representación de la familia real española viajaron a Oslo la reina Sofía y el príncipe Felipe, sobre el que desde España estaban puestas todas las miradas a la espera de su encuentro con Eva Sannum. El príncipe vistió uniforme de capitán de Corbeta con pajarita blanca, y doña Sofía, una de las invitadas más elegantes, lució un espectacular vestido de gasa con adornos de pedrería en la cintura y los hombros.

5Eva Sannum, entre los invitados

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Y llegó una de las imágenes más esperadas: la del príncipe Felipe y Eva Sannum en la celebración de la boda real noruega. Fue la primera aparición pública de la pareja en un acto oficial, y el hecho de que también estuviera doña Sofía fue para muchos una especie de confirmación oficiosa a su relación. Felipe y Eva, ella con un traje de gala en azul añil con escote en uve y espalda descubierta, estuvieron juntos en la fiesta de despedida de solteros de Haakon y Mette-Marit, y también en el baile de gala tras el banquete nupcial, pero la modelo noruega no coincidió en ningún momento con la soberana española. Meses después, en diciembre de 2001, Felipe y Eva rompieron su relación

4“Mette-Marit, te quiero”

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Cuatrocientos invitados, repartidos entre el Palacio Real y las lujosas dependencias de la Sociedad Militar, compartieron con los recién casados la cena nupcial, con un menú típico de la gastronomía noruega. En el momento de los discursos, las palabras de Haakon, su marido, emocionaron a la princesa hasta las lágrimas: “Mette-Marit, te quiero. Nunca he estado tan enamorado como lo estoy de ti. No puedo prometerte que será fácil, pero sí intenso. Eres una persona maravillosa y estoy orgulloso de ser tu compañero para toda la vida”, le dijo el príncipe.

3Una tarta de siete pisos

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La impresionante tarta nupcial medía 2,69 metros de altura y tenía siete pisos, cada uno de ellos con forma de drakar, los tradicionales barcos vikingos. Fuera, en la plaza mayor de Oslo, centenares de noruegos fueron invitados a degustar el mismo menú que se sirvió a los invitados a la cena nupcial, aunque ellos tuvieron que hacerlo de pie y en platos de plástico.

2Un romántico vals

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Tras la cena, la fiesta continuó con el baile, que abrieron Haakon y Mette-Marit con un romántico vals. Poco después se les unieron en la pista los padres de los contrayentes, y poco a poco, el resto de los invitados. El baile, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada, puso el broche de oro a la primera boda de un príncipe heredero en el nuevo milenio.

1Foto de familia

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Para la foto oficial de la boda, los recién casados posaron en uno de los salones del Palacio Real junto a sus familias, los pajes y las damas de honor que habían tomado parte en la ceremonia nupcial y los invitados de las distintas casas reales. Esa noche, Haakon y Mette-Marit durmieron en el yate real, y poco después iniciaron su viaje de novios, primero en la ciudad alemana de Dusseldorf y después en Nueva York, donde les sorprendió el salvaje atentado de Al Qaeda contra las Torres Gemelas.

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