Felipe y Matilde, la última boda real del siglo XX

A punto de entrar en la cuarentena, el heredero belga decía adiós a la
soltería el 4 de diciembre de 1999, fecha de su boda con la dulce Matilde
D’ Udekem D´Acoz, trece años menos que él. Bruselas, la capital de Europa fue
el magnífico escenario de la última gran boda real de siglo XX.
Fue la culminación de una historia de amor que había comenzado tres años antes.
Una relación que el príncipe quiso llevar en secreto. Hasta el punto que cuando el 13 de septiembre de ese año se anunció el compromiso, la sorpresa fue mayúscula.

Matilde se convirtió en princesa y en su momento será la primera reina nacida en Bélgica. Hubo dos ceremonias, la civil en el Ayuntamiento de Bruselas y la religiosa en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula. El banquete tuvo lugar en el palacio real.

 

11Broche de oro

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El 4 de diciembre de 1999, Felipe de Bélgica, duque de Brabante, de 39 años, se casó con la dulce condesa Matilde d’Udekem D’Acoz, de 26. Fue la última gran boda real del milenio y motivo de alegría para los belgas, preocupados por la soltería de su príncipe heredero. En Bruselas hubo una concentración de realeza que acabó festejando el enlace en el palacio real.

10Cinco metros de cola

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La espléndida escalinata de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, a la
que Matilde llegó del brazo de su padre, Patrick d´Udekem, permitió a la
novia lucir los cinco metros de cola de su traje nupcial, obra de Edouard
Vermeulen, de la casa Natan, a la que hoy en día Matilde sigue fiel. Era un
traje abrigo en crepe de seda que recordaba los antiguos mantos de corte,
muy apropiado para el frío de aquella mañana de diciembre en la capital
belga.

9El velo, una joya de familia

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Matilde llevó el mismo velo que utilizó su suegra, la reina Paola, en 1959,
y su hija la princesa Astrid en 1984. Es una auténtica joya de la familia
Ruffo de Calabria, confeccionado en la mitad del siglo XIX con encaje de
Bruselas sobre hilo de lino y que había sido restaurado tres meses antes del
enlace.

8Diadema de familia

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Matilde sujetó su velo con una fantástica diadema de platino y brillantes,
regalo de su suegro, el rey Alberto. La joya fue montada a finales del siglo
XIX y perteneció a la reina Elisabeth, bisabuela paterna de Felipe, quien se
la regaló a su nuera Astrid cuando el 6 de junio de 1934 dio a luz a su
tercer hijo, Alberto, el actual soberano de los belgas. La novia la
complementó con unos pendientes de perlas, regalo de sus padres.

7El delicado gesto de Felipe

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Muy conmovido ante el llanto de Matilde, Felipe deslizó su pañuelo entre los
dedos de quien acaba de convertirse en su esposa. Fue un momento de intensa
emoción que provocó también las lágrimas en muchos de los invitados, sobre
todo por parte de la familia de la novia.

6En alemán y en francés

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La ceremonia religiosa se desarrolló en los tres idiomas oficiales de
Bélgica y en latín. En el momento del intercambio de los votos, Matilde
contestó en alemán y Felipe hizo lo propio en francés. Los nuevos duques de
Brabante eligieron un sencillo aro de oro que al novio le costó colocar en
su dedo anular ante la sonrisa de su ya esposa.

5Lágrimas por su hermana y su abuela

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A pesar de la felicidad de ese día, también hubo momentos de tristeza.
Matilde no pudo evitar las lágrimas cuando el arzobispo de Malinas tuvo un
emocionado recuerdo para su abuela de Matilde y su hermana Alix, a la que la
novia estaba estrechamente unida, que habían fallecido en un trágico
accidente de coche solo dos años antes.

4Calor del pueblo

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Abrazados e inmensamente felices, el nuevo matrimonio saludó a la multitud
que aguantó estoicamente las bajas temperaturas, aunque afortunadamente la
lluvia, tan habitual en Bruselas, no hizo su temida aparición aquella
histórica mañana en que Matilde comenzaba su nueva vida como princesa.

3Foto de familia

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En el palacio real, con un maravilloso tapiz flamenco de la época de la
dominación española de fondo, los novios posaron con sus respectivos padres, los
reyes Alberto y Paola, y los condes Patrick y Anne d´Udekem, que ese día
emparentaron la familia real belga y cuyo comportamiento estaría marcado
desde entonces por una absoluta discreción, pues apenas han aparecido en
actos públicos.

2La reina Sofía, entre los invitados

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La boda reunió en Bruselas a la realeza europea. No faltó la reina Sofía (la vemos entre los reyes Alberto y Paola), que acudió acompañada por el
príncipe Felipe, quien entonces era uno de los solteros de oro de los royals
y que aún tardaría seis años en casarse.

1Las gardenias de Matilde

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A la salida de la catedral  ya convertidos en marido y mujer, pudo admirarse
el imponente ramo de la novia en la que predominaba su flor favorita: la
gardenia. Desde allí, los novios se trasladaron en coche hasta el palacio
real donde se celebró el ágape nupcial en el que se sirvió paté de langosta,
tornedó y pastel de chocolate

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