Paulino de Quevedo: Cocina honesta y familiar

En las tripas del barrio Fuencarral encontramos uno de los restaurantes Paulino que la capital tiene el honor de acoger. Su historia avala su cocina y la experiencia en los fogones del propio Paulino la suscribe.

Un local que no deja indiferente a ninguno de sus visitantes. Y es que su renovado empuje hace que el comensal se quede excesivamente sorprendido cuando conoce el corazón de este restaurante. Su exterior bizarro y antiguo nada tiene que ver con lo que vamos a descubrir en su interior. Su salón principal, amplio y renovado, mantiene el alma y la esencia de lo que fue en sus días un taller de carpintería. Un techo infinito plagado de vigas de madera donde sus cuadros vanguardistas y el abanico de mesas conforman una decoración perfecta para presentar esta sala como una de las más especiales de la capital.

Poco hay que nombrar de la calidad del producto y el buen hacer de un restaurante que tras más de 60 años sigue día a día al pie del cañón. Su cocina puede definirse como sencilla y cercana. En su oferta gastronómica renovada y actualizada encontramos bocados sinceros y naturales en los que se ve lo que se come. En Paulino las florituras y artificios no son necesarios. Sus platos de cuchara, menestras, escabeches, callos y estofados son sus mejores aliados para considerar su cocina como deliciosa.

Pero una cosa no quita la otra. El cuidado y la presentación de sus platos es exquisita pero más aún sus sabores.

Su menú degustación no defrauda a nadie y representa mejor que ninguno la esencia y el sabor de su carta. Cuatro entrantes que se presentan como las Tapas de Paulino donde destaca el conejo en escabeche de cítricos, los callos de Paca en pan y su delicioso gazpacho de cerezas con sardina ahumada. Y dos platos principales. Un pescado, lomo de corvina a la sal con verduritas salteadas, y una carne, pito de entrada de ternera con jugo al Jerez y espárragos trigueros. Para finalizar dos postres auténticos y con personalidad. Migas alcalinas con chocolate espaciado y helado de violetas y milhojas de mouse de albaricoque con helado de almendras.

No obstante en su cocina encontramos otras propuestas muy apetecibles que hacen que el comensal (en mi caso ) quiera volver y repetir. Platos como chipirones rellenos de verduras a la plancha, el tournedó de atún con chutney o milhojas de rabo de buey con jugo de chirivías y de zanahorias hacen que mis ganas de volver a visitar Paulino de Quevedo crezcan exponencialmente.

Sus propias palabras no pueden ser más adecuadas para hacer fe de mi reseña.

«Pasión por la cocina, por las buenas costumbres y la buena mesa, el calor y la tradición familiar y el amor por las cosas bien hechas desde la humildad y el esfuerzo continuado generación tras generación desde hace más de 60 años

 Por otros 60 años más.

 

Lo bueno: Una extensa bodega plagada con exquisitos caldos y las mejores denominaciones de origen de nuestro país.

Lo mejor: Experiencia, sabor y servicio.

Precio medio: Menú degustación 32€

Dirección: Calle de Jordán, 7, 28010 Madrid Tel: 915 91 39 29

 

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@restaurantespaulino

#60añosdandoelcallo