A Sara Carbonero siempre le rodean cifras con muchos ceros. Tantos que a veces hasta marean.

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Sara Carbonera, de 33 años, ejerciendo de ‘it-girl’ en la Semana de la Moda de Londres.

Cada vez que buscas ‘Sara Carbonero’ en google te encuentras con noticias que, en muchos casos, además de no estar contrastadas, son absurdas. Titulares que se retuercen para decir que tal o cual bloguera tiene más ‘followers’ que ella o que le han hecho ofertas millonarias para volver a televisión que la mujer de Iker Casillas ha rechazado.

La periodista toledana ni confirma ni desmiente y vive tranquila en Oporto sin preocuparle su cuenta corriente, que debe de estar más que saneada, y quizás muerta de la risa cuando lee que si Dulceida le ha quitado el trono en Instagram o cosas por el estilo. Seguro que hasta este artículo le parece una chorrada. Normal.

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Para qué os voy a engañar, estos ‘jeans’ me parecen tremendos, pero si los lleva Sara Carbonero la cosa cambia.

Hace mucho tiempo que Sara Carbonero dejó de ser el rostro bonito de los deportes en Tele 5 para convertirse en la ‘it-girl’ por antonomasia. Su leyenda comenzó con el besazo que se dio con el hoy su marido en el Mundial de Sudáfrica y desde entonces, al margen de su profesionalidad, que nadie pone en cuestión, la atención estuvo más en su persona mediática que en su trabajo.

Sara, en efecto, es muy activa en redes sociales, tiene un blog en el que proyecta su ‘lifestyle’ y sus inquietudes (en un post, hace mucho tiempo, descubrí que leía a Enrique Vila-Matas, un enrevesado escritor por quien yo también siento predilección), y cada poco viene a España para ejercer de imagen de firmas que se la rifan.

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Sara e Iker, una de las parejas más mediáticas de españa. Paradójicamente, no suelen acudir juntos a eventos sociales. Desde que viven en Oporto, su perfil mediático es aún más bajo.

Cualquiera podría decir que la vida se hizo para Sara Carbonero. En un mundo de tantos conflictos y polémicas vacías a mí me encanta escribir sobre alguien a quien le va genial y que vive en paz con el mundo.

Y aunque no me gusta el fútbol, echo de menos su mirada taladrante e inquietante en pantalla. ¡Vuelve!