Rosa Benito ha vivido sus horas más bajas en ‘GH Vip’ y hay quien se ha apresurado a afirmar que está acabada, pero estoy convencido de que se equivocan…

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Rosa Benito, como las heroínas del neorrealismo italiano, es capaz de caerse y levantarse, luchar contra la adversidad y sobrevivir.

Las primeras imágenes que recuerdo de Rosa Benito son desde Houston, contando en directo (a Juan Ramón Lucas, si la memoria no me falla) la evolución de su cuñada, Rocío Jurado, muy enferma de un cáncer de páncreas que acabó con ella el 1 de junio de 2006. Ya entonces demostraba soltura ante las cámaras, naturalidad y capacidad para hacer un relato propio de una reportera de ‘España directo’.

Era el prólogo de un personaje en busca de autor que ha logrado su máxima expresión gracias a los responsables de ‘La fábrica de la tele’, que han sido capaces de idear una gran novela televisiva que hace palidecer a ‘Falcon Crest’ o ‘Amar es para siempre’, su competencia directa de lunes a viernes.

En sus primeros y tímidos pasos televisivos Rosa, sin embargo, no había dado lo mejor de sí misma, hasta que tras la muerte de ‘la más grande’ dejó su profesión primigenia, la peluquería, para convertirse en colaboradora televisiva, un papel que ha venido desarrollando con gran éxito de público y de crítica desde hace una década.

 

Desde entonces, primero más tímidamente, en ‘El programa de Ana Rosa’ y después en ‘Sálvame’, hemos seguido su vida por capítulos con todos los ingredientes de un novelón como ‘La Regenta’ o ‘Madame Bovary’, aunque al contrario que las heroínas de las novelas de Clarín o Flaubert, ella fue fiel a su marido, hasta después de separarse.

La mejor imitadora del planeta de Rocío Jurado (con permiso de todos los travestis que tienen sus canciones en su repertorio y que tanto adoraban a la cantante) ha sabido dosificar la información para mantener un puesto de trabajo cuya máxima gasolina son sus penas a lo Anna Magnani, sus revolcones en el agua con Amador al más puro estilo de Deborah Kerr y Burt Lancaster en ‘De aquí a la eternidad’ y sus deudas que la pusieron al límite de sí misma.

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Tras durísimos enfrentamientos, vuelve a haber sintonía entre Rosa Benito y Amador Mohedano.

Rosa Benito ha salido mal parada de ‘GH Vip’, pero, como Madonna, ha sabido reinventarse y ha introducido un nuevo elemento con el que no contábamos: la tensión sexual no resuelta con Amador. Todo buen guionista sabe que mientras queden incógnitas sin resolver hay audiencia. Que se lo digan si no a los seguidores de ‘Cómo conocí a vuestra madre’, que se tragaron centenares de capítulos a la espera de saber quién diablos era la madre, aunque les hubieran repetido los mismos chistes una y otra vez. Lo mismo nos pasa con Rosa, que la hemos visto decirse, desdecirse, caerse, levantarse, repetirse, canturrear sin venir a cuento, enfrentarse, amistarse y desamistarse. Y ahí seguimos, pendientes de ella.

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Chayo Mohedano, compañera en los escenarios de su madre.

Ni el mejor guionista sería capaz de introducir tanto elementos en la vida televisiva de Rosa Benito, quien se ha atrevido a desfilar, a participar en dos ‘realities’, a sacar un libro de recetas de cocina, a hacer una gira de conciertos con su hija, Chayo Mohedano, y poner a Dios por testigo de que se iba a partir las piernas antes de volver al formato que la ha convertido en estrella y ha tirado de sus vísceras para ponerlas sobre la mesa.

Tengo la sensación de que mientras quiera, Rosa, esa mujer que nunca había ido a un cine ni a cenar con velas, abnegada y sufridora, tiene muchas páginas que escribir y solo ella sabe si aparecerán personajes secundarios en los próximos capítulos, un novio nuevo más joven que ella o mayor y millonario, una deuda que no había desvelado, un sueño por cumplir, una frustración… Qué pena que no esté entre nosotros García Márquez para escribir otro ‘Cien años de soledad’ con la Benito de protagonista. Aunque igual podíamos optar por Vargas Llosa para novelarla. 

Por dar ideas que no quede…