Nos movemos entre demasiados clichés y a veces nos creemos que los lugares comunes son realidades y no lo son.

Pelayo Díaz estaba destrozado ayer cuando acudió al Museo del Traje a despedir al diseñador marbellí.
Pelayo Díaz estaba destrozado ayer cuando acudió al Museo del Traje a despedir al diseñador marbellí.

Que tú rompas con tu pareja no significa que no le quieras. ‘Se nos rompió el amor de tanto usarlo’ era una buena frase para definir que, en ocasiones, las parejas dejan de serlo porque ya no amalgaman, porque al tocarse sienten el frío tacto del mármol, pero eso no significa que no se quieran.

Yo tengo en mi entorno algunas parejas que son como compañeros de piso y que siguen juntos porque se tienen cariño, se apoyan, se cuidan y se respetan. Se llama también lealtad, como la que se tenían el escritor Gore Vidal y su compañero de siempre, a quien cuido a pie de cama hasta el final de sus días, porque era la persona que mejor le complementaba, aunque cada uno había tenido sus ‘cosas’ extramuros. Tenían claro que iban a seguir juntos hasta el final aunque el deseo hacía siglos que había salido por la ventana de su imaginación y sus propios impulsos.

Un jovencísimo Pelayo, de la mano de David Delfín, con quien, además de amor, compartió trabajo.
Un jovencísimo Pelayo, de la mano de David Delfín, con quien, además de amor, compartió trabajo.

Otros optan por una solución distinta. Pelayo Díaz hace siglos que había roto con David Delfín, pero seguían muy unidos, se querían, se apoyaban y se veían con frecuencia. Al menos eso es lo que infiero de sus redes sociales o de lo que el mismo estilista de ‘Cámbiame’ me comentaba hace unos meses cuando le entrevisté para promocionar una copas que había diseñado.

Ayer Pelayo Díaz estaba destrozado y colgó en sus redes un emotivo mensaje a mayor gloria de lo que sintieron y vivieron juntos. La mayoría de los comentarios fueron de apoyo, pero leí algunos, quizás de envidiosos, que le cuestionaban y le atacaban por querer ejercer de ‘viudo’.

Ese tipo de individuos que atacan desde la impunidad que da el anonimato no es que sean cortos de mira, es que son incapaces de entender que la armonía y el amor de verdad tienen caminos insospechados. Son quizás insatisfechos con su propia vida a los que les molesta la coherencia ajena. O la valentía. De sobra es sabido que la cobardía arruina muchas cabezas. Y muchas vidas.

Pelayo, con su última pareja conocida, Sebastián Ferraro, en noviembre del año pasado.
Pelayo, con su última pareja conocida, Sebastián Ferraro, en noviembre del año pasado.

David Delfín se ha marchado rodeado de la gente que le quería de verdad y en las redes hemos leído miles de mensajes de apoyo (también otros indeseables, como ocurrió con Bimba) para un hombre que revolucionó la manera de diseñar en España y la de saber venderla. Conseguir que hablen de ti, aunque sea mal, que en algunos casos es mucho mejor.

Pelayo Díaz es de los que más derecho tiene a escribir lo que publicó en su Instagram, pero me sonrojaron algunos famosos que pasaban por ahí y que ayer esgrimían fotos que se habían hecho con el diseñador para intentar hacernos creer que fueron íntimos. Peor para ellos, porque no hay nada peor que mentirse a uno mismo. Lo que piensen los demás están de más.