Nicole Kidman ha vuelto a confesar que se arrepiente de los tratamientos de bótox a los que se ha sometido y que, según ella, no han sido beneficiosos. Lo hace en una entrevista en Toronto a Toni García que hoy publica El País. La actriz está allí promocionando su último trabajo, Un largo viaje, que pronto se estrenará en España, tras la gira mundial que acaba de hacer por el estreno de Grace de Mónaco, película en la da vida a la princesa Grace y Paz Vega interpreta a María Callas.

En la citada entrevista, la actriz se reafirma en lo que ya dijo hace unos años: «Lo del bótox fue un error, fruto de la presión y el deseo de lucir mejor. Algo que pasa a muchas actrices de Hollywood. Puedo decir que no he vuelto a usarlo, y que lo que ahora vez es el fruto de una vida sana, de alejarme del humo del tabaco y de dormir todas las horas que puedo»

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Nicole Kidman asegura que su estado actual ya no es fruto del bótox ni la cirugía, sino de una vida sana.

La actriz también confiesa en El País lo enamorada que está de Keith Urban, su marido, y padre de sus dos hijos menores, Sunday Rose y Faith: «»Keith es el amor de mi vida, es un hombre bueno, un músico fantástico y el mejor padre del mundo. Puedo decir que me hace muy feliz tener a alguien así en mi vida. Tener hijos con Keith me ha cambiado totalmente, me anima a tener una vida más sana y tranquila, a estar más en casa y a prescindir de cosas superfluas, necesitaba esa estabilidad en mi vida, creo que todo el mundo la necesita: es difícil poder caminar sin eso», asegura la actriz que antes estuvo casada entre 1990 y 2001 con Tom Cruise, actor que tras separación de Nicole vivió otro polémico divorcio con Katie Holmes.

Cuando se separó de Tom Cruise, con quien adoptó dos hijos, Isabella y Connor, Nicole en medio de la tormenta mediática sorprendió a todos cuando ante la pregunta de cómo se encontraba dijo sonriendo: «Ahora puedo llevar tacones». Una frase que lo dice todo.