María Castro lo ha pasado fatal en el segundo avión que le llevaba a Vigo con sus hijas a cuestas. El aeroplano no lograba tomar tierra y el aterrizaje se complicó tanto que surgió el pánico entre los pasajeros. Así cuenta ella su aventura de altos vuelos


María Castro ha sufrido uno de los peores momentos de su vida a bordo de un avión. La actriz ha querido compartir con sus seguidores el tremendo susto que se ha llevado cuando se disponía a realizar una hazaña con dos vuelos distintos, una escala, dos aeropuertos y todo con dos hijas a cuestas, sin carrito y justo en la hora en la que sus retoños tienen que comer y dormir la siesta. Pero el susto que se ha llevado no ha tenido que ver con estos ingredientes, que tan solo han ayudado a añadir estrés al momento, sino que el pánico llegó cuando el segundo avión trató de tomar tierra en Vigo, con gran dificultad y poniendo a los pasajeros en peligro y, cuanto menos, de los nervios.

Así ha contado María Castro el peor momento vivido en un avión ante sus seguidores, sufriendo más por sus hijas que por ella misma: “Ya en casita de los papás y después del SUSTAZO de ayer, nunca celebré tanto el ‘vuelve a casa vuelve’”, comienza a escribir la actriz para describir lo que sucedió en los dos vuelos que tuvo que tomar para llegar a casa de sus padres en Vigo, siendo el aterrizaje del segundo cuando el miedo entró en escena. Tal y como detalla, “el periplo de viaje ya de entrada era importante, al menos lo que yo me había montado en la cabeza, teniendo en cuenta que me movía yo sola con las dos, porque José está trabajando duramente con unos elfos en Madrid, que tenía dos vuelos de por medio, que la escala era escasa para correr con dos a la espalda y sin silla, que viajando me pillaban las horas de la siesta de Olivia y su comida y que esta última no para, ni en tierra ni en aire”. Ya solo de pensarlo acabamos exhaustos, pero el drama no ha hecho más que comenzar.

Pese a todo lo que tenía por delante, María Castro se armó de valor y se dispuso a salvar la distancia que le separaba de sus padres hasta llegar a Vigo con sus hijas. La actriz quiere que sus hijas vivan mundo, tengas experiencias y sepan cómo funcionan las cosas metiéndose de lleno en estos líos y a sabiendas que, pese al estrés, será mejor para ellas en un futuro. Pero eso no quita que pasen miedo cuando en el segundo vuelo, el que ya les hacía tocar tierra en Vigo, se complicó. Y es que el avión parece que no lograba aterrizar correctamente y los pasajeros comenzaron a impacientarse al ver que el piloto tenía complicaciones para rematar la tarea.

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El primer viaje en avión fue sobre ruedas, pero no así con el segundo. “Escala tranquila comiendo al lado de la nueva puerta de embarque, eso sí, sentada en el suelo con las dos, porque a veces estamos tan ocupados mirando los móviles que ningún otro pasajero se brindó a cederle su sitio a las niñas para darles de comer. Segundo vuelo con Olivia dormida en la mochila así que mejor imposible también. Hasta el aterrizaje. A un metro de tocar Vigo y después de muchísimo meneo, los motores del avión vuelven a rugir y con un impulso violento, otra vez despegamos hacia algún lugar. ¿Dónde? No lo sé. ¿Por qué? Tampoco lo sabía, porque no suelen dar muchas explicaciones cuando hay caos”, se quejaba la actriz, que finalmente pudo tomar tierra, calmar sus nervios, llegar a casa de los abuelos y celebrar que ha llegado a casa sana y salva, al igual que sus niñas, que suman una experiencia más, aunque quizá con menos estrés y tensión que su mamá.