La duquesa de Alba murió el pasado jueves 20 de noviembre en Sevilla, la ciudad que más albergaba su corazón. Al día siguiente se celebraba su funeral, en la impresionante catedral hispalense, mientras fuera del templo miles de sevillanos despedían con sentido cariño y respeto al que había sido un personaje fundamental de la vida de la ciudad.

Hoy, a las ocho de la tarde, en la iglesia del Valle, sede de la hermandad de Los Gitanos, de la que Cayetana era hermana, y cuya rehabilitación financió ella misma, ha comenzado la primera misa en su honor. Hay que recordar que la aristócrata dejó escrito que parte de sus cenizas se depositaran en una hornacina en uno de los laterales de la pequeña iglesia.

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 Vista del interior de la capilla en la que encuentran las cenizas de doña Cayetana.

Así se cumplió, y a su lado se puede contemplar una lápida con la siguiente inscripción: «Aquí reposan las cenizas de nuestra hermana, doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, Duquesa de Alba. Camarera de honor de María Santísima de las Angustias, medalla de oro, y gran benefactora de esta Hermandad de los Gitanos, gracias a cuya contribución y ayuda fue posible la reconstrucción de este Santuario. Estará por siempre en la memoria de nuestra hermandad. 1926-2014″. 

Desde ese día, el lugar no deja de recibir visitas, tanto de sevillanos como de foráneos, que también quieren rendir su especial homenaje a la duquesa.

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Alfonso junto a Eugenia, quien estos días ha mostrado un hondo pesar por la muerte de su madre.

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Carlos Fitz-James Stuart, duque de Huéscar y heredero al ducado de Alba, junto al viudo de la duquesa, Alfonso Diez, saludando al arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, a su llegada a la iglesia.

La misa está presidida por su viudo, Alfonso Diez, y cinco de sus seis hijos: Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando y Eugenia. Solo falta Cayetano, quien aún está convaleciente de su operación por una oclusión intestinal, de la que fue dado de alta el pasado sábado en la clínica Santa Isabel de Sevilla.

Entre sus nietos destaca la presencia de Carlos Fitz-James Stuart, de 23 años, segundo de los dos hijos del duque de Huéscar. El joven cursa estudios actualmente en Boston, motivo por el que no pudo asistir al entierro de su abuela paterna. También asiste Cayetana Rivera, única hija de Eugenia, quien estaba muy unida a su abuela, y así lo demostró en su entierro, donde con lágrimas a flor de piel no paraba de apoyarse en su madre para consolarse.

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Alfonso Martínez de Irujo, segundo de los hijos de Cayetana, que ostenta los títulos de duque de Aliaga y duque de Híjar; seguido por su hermano Jacobo Fitz-James Stuart, conde de Siruela, y la esposa de éste, Inka Martí.

Entre los asistentes conocidos se ha podido ver al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, acompañado por su esposa, Beatriz; el periodista Antonio Burgos; el diseñador Toni Benítez; el torero Pepe Luis Vázquez; el confesor de la duquesa, el sacerdote sevillano Ignacio Sánchez-Dalp; y Ana María Abascal, hermana de Naty, entre otros.

La familia Alba ha vuelto a dar una imagen de gran unidad en el dolor por la pérdida de la matriarca. El próximo 15 de diciembre ofrecerán una segunda misa funeral en la iglesia de San Francisco el Grande, en Madrid, después de que otra parte de las cenizas de la duquesa sean depositadas en el panteón familiar de Loeches.

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Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco, cuarto hijo de la duquesa, caminando con gesto serio.

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Cayetana Rivera, cariñosamente llamada Tana, de 15 años, hija de Eugenia Martínez de Irujo, no quiso faltar en este acto en recuerdo de su abuela.