José Fernando no está bien. No hace falta ser un especialista en psiquiatría para llegar a esa conclusión. Pero, ¿quién tiene la culpa?

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José Fernando y Michu, una pareja de ida y vuelta puesta en entredicho.

Resulta doloroso ver las imágenes en televisión de José Fernando desnortado, saliendo del coche de su tío, que corrió en su rescate… Escucharle hablar sin sentido o leerle declaraciones tan peregrinas como que su hermana Rocío Carrasco le había invitado a su boda me dan escalofríos.

José Fernando no está bien, ya digo, y está muy lejos de recuperarse. Para llegar a ese punto hay que tener claro la magnitud del problema y la fuerza de voluntad para resolverlo. En este caso, parece que ninguno de los dos factores acompañan.Lo suyo es de largo recorrido, aunque muchas veces se acabe en el punto de partida, como cantaba su madre.

José Fernando tropieza una y otra vez en la misma piedra. Y siempre, en segundo plano, como moviendo los hilos, está Michu, quien quizás tenga problemas de tan gran calado como los de su novia de idea y vuelta.

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José Fernando parece muy enamorado de Michu.

A veces lo sencillo es culpar a alguien de los males de otro. Esto es  lo que le está ocurriendo a Michu, por correr siempre al lado de José Fernando y supuestamente llevarle por caminos que no debe transitar. Nos olvidamos que es mayor de edad y a no ser que se inhabilite, es soberano de sus propias decisiones y errores. Es él mismo quien se puede administrar su salud y su integridad física.

Empatizo totalmente el dolor de Ortega Cano que ve cómo su hijo no logra enderezar el rumbo y parece caminar hacia adelante sin ser consciente de que atraviesa un campo de minas. Su hermana, Gloria Camila, se ha dejado la piel en protegerle, y la otra, Rocío Carrasco se ha alejado de unos hermanos que, da la sensación, nunca quiso.

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Michu está en el punto de mira de todos.

La manera de abordar los problemas de José Fernando, que son poliédricos, no parecen estar relacionados exclusivamente con consumir sustancias, es compleja. La prueba es que fracasan una y otra vez. No soy partidario de tirar la toalla ni de ponerme agorero, pero nadie, ni el propio José Fernando lo tienen fácil para solventarlo. 

La paciencia es una cualidad que puede ayudar mucho en estos casos, el estoicismo, para no venirse abajo cuando hay recaídas, y un gran nivel de empatía para entender al enfermo. José Fernando arrastra muchos problemas desde hace años, como ya insinuó en su día Rosa Benito. Por eso me parece injusto cargar con todas las culpas a Michu, una mujer que aparenta muchas carencias, que quizás tenga más problemas de los que parece y cuyos consejos no son precisamente los más útiles para un joven de futuro incierto.

Desde aquí quiero hacer llegar mis ánimos a Ortega Cano, cuyas arrugas están surcadas de tristeza, y a Gloria Camila, que tiene una fortaleza encomiable. Lástima que otros del entorno no arrimen el hombro para ayudar a los suyos. Cada quién con su conciencia.