La semana pasada nos citamos con Mario Vaquerizo en su estudio del centro de Madrid para hacer una entrevista que podréis leer en la revista SEMANA, que se publicará este miércoles, pero como en una gran película, te vamos a mostrar los descartes que se han quedado fuera de montaje…

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Mario Vaquerizo, en la terraza de su estudio de Madrid, desde la que divisamos el ‘skyline’ al atardecer.

Para quién no lo sepa ya, desde el 5 de abril está en las librerías ‘Vaquerizismos’ (ed. Planeta), que, por decirlo de alguna forma, es un manual para ser feliz, siempre según su criterio y, en sus propias palabras, ‘Vaquerizo en estado puro’. Páginas que se devoran porque están escritas con una prosa ágil, sencilla, casi oral y, sobre todo, porque es muy divertido. Es una especie de manual costumbrista para manejarse en un mundo moderno y cada vez más feo al que hay que ponerle un puntito de chispa para sobrevivir.

Mario Vaquerizo recibe pasadas las siete de la tarde, mientras acaba otra entrevista, profesional como el que más, se levanta, nos besa y nos abraza como un koala, y pone la maquinaria de trabajo en marcha: se cambia de camisa para no salir igual en las fotos de la competencia y sube las escaleras de su estudio como gacela para que mi compañero fotógrafo pueda aprovechar la luz del crepúsculo de Madrid desde la azotea de su estudio.

Mario hace todos sus mohínes que inevitablemente me recuerdan a Zoolandeer y que tan bien parodiaron Muchachada Nui. Porque el artista (para mí lo es y grande) entremezcla en sí mismo la persona y el personaje, porque es genuino, auténtico, porque lo que le mueve es exprimir la vida y ser feliz.

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Mario es pura afectividad, le gusta besar y abrazar como un koala. Nos conocemos hace muchos años y siempre ha sido muy generoso conmigo.

Mario es consciente de que tiene detractores, pero tiene respuestas para todos, como para aquellos que creen que está sobreexpuesto (yo a eso le llamo éxito): «No lo estoy porque soy dueño en todo momento de lo que hago. Hay gente mucho más expuesta que yo y mucho menos famosa, con su Twitter, sus instagram… ¿Qué es sobreexpuesto? Siempre pongo el ejemplo de Concha Velasco. Cuando coincidimos en el Festival de Vitoria, que nos dieron un premio, decía que los bienpensantes del teatro le decían que no hiciera televisión porque se iba a quemar y ella contestó: “El que se quema es el que no sale en la tele”. Solo en la tele y haciendo cosas acabas aprendiendo y controlas el medio, aprendes el oficio. Si haces una película al año o menos es porque no interesarás tanto. Yo no estoy igual de suelto ahora que con la primera entrevista».

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Con Alaska, su mujer, con quien ha empezado una nueva gira, en el estreno de ‘El amor está en el aire’, obra protagonizada por su amiga Bibiana Fernández.

Mario es feliz merendando con Cuqui Fierro y luego acabando la jornada en la fiesta más salvaje, yendo a la ópera y ‘volviéndose loco’ en la casa de su amiga Topacio Fresh, pero con un ojo puesto en el día siguiente cuando le esperan decenas de mails que contestar, grabaciones o promoción: «La gente es muy prejuiciosa y dogmática, se pierden muchas cosas, luego son más cultas, menos sabias y felices. La vida tiene muchas cosas y estamos aquí para estar a gustito. A veces parezco cursi, pero bastante tiene el día a día con las adversidades que tenemos que pasar…».

Y luego está el culto al cuerpo, sin obsesionarse. Se puede ir al ‘gym’ casi de madrugada, operarse lo que haga falta y comer lo justo («hago ‘playback con la comida»), porque tener buen tipo es esencial para él: «¿Quién no se cuida? Todo el mundo se cuida. El que no lo hace está loco pirulero, es autodestructivo. Yo me malcuido fumando, debería dejarlo. Cuando estoy tranquilo y por inercia lo cojo, aunque es malísimo. A veces lo consigo y no lo echo de menos».

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Lidera su grupo ‘Nancys rubias’, del que forma parte su hermana Marta.

Tanto él como su mujer, Alaska, son dos personas sin prejuicios y eclécticos, así que a los que se extrañen que haya cantando en un disco de Javi Cantero, el hijo de El Fary, les dice: «Canto con él ‘La Mandanga’. La gente me dice que cómo me puede gustar El Fary, por qué no me va a gustar… Si me he criado en Vicálvaro y el que le dio el dinero para su primer disco fue El Chato de Vicálcaro, del bar debajo de la casa de mis padres. A Javi Cantero le conocí en el estreno de la película de Santiago Segura, donde hice un cameo. Se presentó y me comentó que estaba haciendo el disco, así que le dije que me llamara para cantar La Mandanga, y así fue. El disco está fenomenal».

Llevamos casi una hora de entrevista, empieza a anochecer y decidimos acabar la conversación en la mesa con hule de su cocina. Al salir me miran Sara Montiel en un cuadro de Costus y la reina Isabel II en un plato en el fregadero. Bajo las escaleras con sobredosis de información y con la sensación de que es un lujo hacer entrevistas con personas como él, que dicen lo que piensan sin miedo a las consecuencias y que responden a cualquier pregunta por comprometida que sea.