Tener el corazón contento es una actitud vital como otra cualquiera, pero es mi favorita. Este blog que empieza a latir hoy nace con la vocación de transmitir esa alegría a la que cantaba Marisol en 1968 (una canción que, por cierto, te puedes poner de fondo mientras me lees para crear ambiente). Casi cincuenta años después, el mundo ha cambiado tanto que los famosos son ‘celebrities’, las entrevistas se llaman ‘one to one’ y las convocatorias de prensa ‘photocalls’. Sin embargo, no me resistiré a echar la vista atrás, porque, aunque los tiempos cambien, somos de donde venimos.

Lolita, con su madre, Lola Flores, en 1970. En 1975, la artista lanzó 'Amor amor', una canción de Paco Cepero con la que fue número uno en España.
Lolita, con su madre, Lola Flores, en 1970. En 1975, la artista lanzó ‘Amor amor’, una canción de Paco Cepero con la que fue número uno en España.

Mis primeros recuerdos relacionados con el corazón no están ligados a Marisol, aunque como todos los niños de mi generación (lo confieso: nací en el 73), crecimos con sus películas, las de Rocío Dúrcal y las de Joselito. Cuando tenía cuatro o cinco años se introdujo en mis oídos ‘Amor amor’, una canción de Lolita, que en aquel entonces parecía una actriz de Bollywood, de la que fui tirando del hilo. De ahí llegué a su madre, Lola, de su madre a su hermano Antonio, que lucía un melenón lacio que ya le gustaría a Paula Echevarría para los anuncios de champú o a Paz Vega para su encrespado mediterráneo… Y así hasta incorporar a todas las ‘folkies’: Carmen Sevilla, Marujita Díaz, Paquita Rico…

Poco a poco íbamos saliendo del aislamiento artístico de la dictadura. La movida madrileña me pilló un poco pequeño y no me enteré casi de nada, pero fui ampliando horizontes con Alaska, Mecano, Olé Olé. Eso sí, sus vidas me interesaban más bien poco. Yo estaba más pendiente de Estefanía de Mónaco, rebozada de arena en la playa con Mario Oliver, de la muerte de Grace Kelly (la pobre), de los ‘looks miameros’ siempre de perfil de Julio Iglesias y de Isabel Preysler, que al igual que la actual mujer del cantante, Miranda, parece que no se han manchado nunca en la vida, ni en el patio del colegio.

Dos días antes de hacer esta fotografía, Lolita estaba muy resfriada. Acababa de lanzar 'Somos novios' con Armando Manzanero y preparaba la canción que la volvió a catapultar a lo más alto, 'Sarandonga'.
Dos días antes de hacer esta fotografía, Lolita estaba muy resfriada. Acababa de lanzar ‘Somos novios’ con Armando Manzanero y preparaba la canción que la volvió a catapultar a lo más alto, ‘Sarandonga’.

A finales de los 90 comencé a trabajar en SEMANA y el primer día me mandaron a entrevistar a Shirley MacLaine, que me pareció que estaba loquísima con sus mundos esotéricos y su Camino de Santiago. A partir de entonces tuve el corazón contento, pero de verdad. Mis pupilas y oídos fueron guardando mucha información (gran parte de ella ‘spam’, advierto) pero no podré olvidar nunca a Carmen Sevilla abalanzándose sobre el féretro de su marido, Vicente Patuel; las transparencias imposibles de Sara Montiel, las frases surrealistas, pero a veces cargadas de sentido de Rocío Jurado; a Carmen Ordóñez, guapísima y enigmática en un aeropuerto marroquí, a Rocío Dúrcal a punto de caerse de la piscina de su casa de Torrelodones, o a la propia Lolita, a quien echo la culpa de todo, un día que fui a El Lerele a hacerle un reportaje con el fotógrafo José Manuel Otero y nos recibió en albornoz en la cocina, comiendo castañas y limpiándose los mocos cada dos frases.

Hace cuatro meses me pusieron al frente de la web de SEMANA y ahora emprendo un nuevo camino, ‘Corazón contento’, al que me gustaría incorporaros, porque, como Roberto Carlos, también quiero tener un millón de amigos. O muchos más. Espero vuestros comentarios y sugerencias.