Metamorfosis real y simbólica… La novela más famosa de Kafka nos sirve para titular el post de la última salida pública de Letizia en Mallorca, que fue para visitar a su marido en el Club Náutico de Palma, donde estaba atracado el Aifos, barco en el que competía el Rey. Y todo por esa camiseta…

El estilismo que compuso para esta ocasión fue de todo menos marinero, y sí algo confuso para el momento y el lugar. Literario, lo calificaremos. Un blanco y negro con pantalón blanco ligeramente acampanado y una «T-Shirt» negra en la que se distinguían en el regio pecho las letras en blanco de «Kafka».

Letizia en Mallorca
Letizia, en pleno homenaje literario al famoso escritor checo.

Esto es lo que más ha llamado la atención del look, convirtiéndose desde ya en objeto de deseo, de revuelo y hasta de delirio. Este es precisamente el origen de todo. La camiseta pertenece a la colección de la editorial salmantina Delirio (evidentemente no de su catálogo de obras), es el modelo unisex de cuello redondo y se puede adquirir en su web por 15 euros. A estas horas igual ya ni les quedan…

Al parecer, Letizia habría conocido esta editorial en la pasada Feria del Libro de Madrid, que visitó de incógnito. Por lo demás, supone toda una declaración de intenciones. Un mensaje: ella lee, y además, de lo bueno. Culta y cool a partes iguales.

Letizia en Mallorca

Por lo demás, la Reina sacó dos piezas de Uterqüe: las gafas de sol y las sandalias con plataforma de goma y taconazo. Y por último, el bolso XL de Adolfo Domínguez de piel y con una piedra incrustada que ya lució el año pasado también en Mallorca. Esto da que pensar que hay prendas que se dejan en Marivent para no acarrear con ellas de ida y vuelta en la maleta.

A mí me gusta este look en líneas generales. No sé si es muy acertado para subir a los barcos, pero se la ve guapa y fresca. Y vosotros, ¿qué decís?

Letizia en Mallorca
¿Será esta la última vez que la veamos durante sus vacaciones en Mallorca? Falta poco para que los Reyes y sus hijas emprendan rumbo hacia lo desconocido, es decir, un destino de viaje «privado».