SEMANA habló con José Carlos Corradini para que nos contara cómo es su situación personal y su relación con la cantante.


José Carlos Corradini, padre de Chenoa, igual que la mayoría de los ciudadanos del mundo sufre las consecuencias de la pandemia y cada día en un café de Buenos Aires extiende sobre una mesa sus barbijos (mascarillas) para venderlas y le ayudan a poder disfrutar de un plato de comida en su humilde hogar del extrarradio de la capital porteña. SEMANA habló con él para que nos contara cómo es su situación personal y su relación con la cantante, que está planeando su boda.

SEMANA

Cómo estás pasando la pandemia, ¿José Carlos?

En Argentina es una época muy complicada como en todo el mundo, hay que tener muchas precauciones. Yo soy de factor de riesgo porque soy hipertenso, tengo exceso de peso y por edad. Ojalá que nos vacunen pronto, pero no hay vacunas.

Tu economía era preocupante antes de la pandemia, supongo que fue a peor.

La economía se rompió en todo el mundo, pero en Argentina quizá es peor porque veníamos de una situación lamentable durante años y no ha podido resistir un golpe tan fuerte. Está todo muy, muy difícil… En los años que tengo y desde que tengo memoria es la peor crisis económica que nos ha tocado vivir. Lo único que no faltó nunca en Argentina fue la comida y ahora sí falta. Por mucho que haya comida en los supermercados, la gente no tiene ingresos y, por lo tanto, no tiene dinero para comprar. Tengo una jubilación que no llega a 100 dólares que no me cubre ni siquiera el alquiler. Tengo que sacar de otro lado para llegar.

¿Por estás vendiendo mascarillas en la calle?

Sí, la gente está obligada y lo usa por necesidad, es un producto prioritario y bueno… Me siento en una mesa de una cafetería y, en vez de pagar un puesto en un mercadillo, solo me cuesta el café. Como me conocen, porque llevo viviendo en la zona mucho tiempo, me tienden la mano, esto no se puede hacer, pero no tengo alternativa. Con eso tengo para comer, si un día vendo tres barbijos o cuatro, ese día como, aunque no sean pro- ductos que me ayuden a mi salud, porque la comida sana es muy cara, y yo como comida barata.

Tu situación antes de la pandemia ya no era buena, ¿no?

No era buena, pero la pandemia me mató.

Tienes otros hijos ahí, hermanos de Chenoa, ¿no te ayudan?

Es imposible, apenas tienen un sueldo de 300 dólares y tienen hijos. Apenas tienen para vivir ellos.

¿Crees que a tu hija, Chenoa, cuando vea esta entrevista le va a conmover tu situación?

No, mi hija no se va a conmover por mi situación. Su madre se encargó de endurecer su corazón. Mi hija es generosa con su otra familia, pero conmigo tiene un problema. ¿Cuál es el problema? Yo no lo sé, porque por más que lo he intentado jamás me lo dijo. Ella fue la que se marchó con su madre y no se fueron a una ciudad de acá de Buenos Aires, no, se fueron a España.

¿Por qué dices que puede ser generosa con su otra familia y no contigo?

Porque mi hija tiene un corazón de oro y los viene ayudando desde que empezó a trabajar y ganar plata. Mi hija Chenoa tiene en Argentina un eslabón perdido que quiere silenciar. Durante muchos años tapó todo lo que tenía alrededor. Chenoa tiene cuatro hermanos de sangre más, aparte de Sebastián y nunca los quiso reconocer, ni los reconoce, ni los nombra.

¿Nunca te ayudó?

Nunca. A mí no me importaría sentarme con ella y con su hermano y que me dijeran o reprocharan lo que consideraran y después que se vayan, pero, por lo menos, que tengan el valor de decirme en que me equivoqué, si hubo algún error por mi parte. Mi pecado es que le facilité a su mamá que pudieran marcharse de acá una vez que nos divorciamos.