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Así está Isabel Preysler horas después de morir su madre: “destrozada, desolada y con cara triste”

Isabel Preysler está destrozada. La muerte de su madre, Beatriz Arrastia y Reinares, este domingo a los 98 años de edad ha sumido en la tristeza a la socialite y sus seres queridos, que eran muchos, pues ‘Beba’, como así la llamaban en la intimidad, ha sabido atesorar el amor de los suyos sin esperar nada a cambio y sin querer salir de su discreto segundo plano. De origen filipino, la madre de Isabel Preysler vivía en su popular casa de Puerta del Hierro, ‘Villameona’ y ahora ha dejado un vacío imposible de llenar a día de hoy. Así lo comprende el Padre Ángel, íntimo amigo de la actual pareja de Mario Vargas Llosa, que ha confesado cómo se ha encontrado a su amiga tras estar a su lado durante unas horas tras la dura pérdida que ha experimentado.

El Padre Ángel no ha tenido reparos en desvelar cómo está Isabel Preysler en estos momentos que llora la muerte de su madre y ríe con amargura al recordar los momentos felices que vivió desde que era una niña a su lado: “Estaban dolidas, con cara triste, pero yo también creo que está esa parte de saber que se ha ido con paz, cuando se nos va un familiar los que estamos tan acostumbrados a que se ha ido tanta gente, sobre todo este año, a veces solos, sin que nadie se despida, el poder contar que alguien te despide, que está junto  a ti es distinto a estar solo”, comienza a explicar uno de los fieles confesores con los que se desahoga Isabel Preysler cuando necesita un hombre sobre el que llorar, un amigo con el que compartir confidencias o alguien con el que sentirse en paz y sintiéndose ella misma.

Gtres

El último adiós a la madre de Isabel Preysler ha sido en la más estricta intimidad y rodeada tan solo de su familia y amigos más cercanos. El deseo de la familia de vivir este duro trance sin que miradas ajenas se posen en ellos ha sido respetado por todos. El Padre Ángel ha explicado cómo se ha desarrollado este acto solemne de despedida, quién ha acudido a la cita y qué se ha vivido en su interior, cumpliendo con los últimos deseos de Beatriz Arrastia y Reinares, que, como dice el clérigo, ya es “alguien más que está en el cielo protegiéndonos a los que quedamos todavía”. También conoce cómo fueron las últimas horas con vida de la veterana, cómo su hija estuvo a su lado hasta su último respiro y cómo le ayudó en su último viaje en paz para que se marchase en calma y sabiendo que lo que deja en la tierra es mero amor.