En sus 18 años de matrimonio, el diestro ha tenido que hacer frente a la fibromialgia de su mujer. Siempre discreto, nunca ha hablado del calvario que ha pasado a raíz de su enfermedad.


El 9 de enero, Jesulín de Ubrique cumple 47 años. Mucho se ha escrito sobre la trayectoria profesional y sentimental del torero, quien en los noventa se alzó como personaje del corazón por excelencia con sus vaivenes amorosos con Belén Esteban. El destino, siempre caprichoso, dio la vuelta a la tortilla a la vida de ambos: ella es ahora la estrella mediática. Él, en cambio, mantiene un perfil bastante bajo y lleva una apacible vida familiar en la localidad gaditana de Arcos de la Frontera junto a María José Campanario y los dos hijos que tienen en común.

Las últimas noticias que hemos tenido sobre Jesulín tienen que ver con sus negocios. Según publicaba SEMANA en exclusiva a principios del pasado mes de diciembre, el diestro y su hermano Humberto han tomado la decisión de alquilar la finca familiar Ambiciones para convertirla en un espacio para fiestas. Situada en Prado del Rey y a tan solo a unos kilómetros de Ubrique (Cádiz), la casa del clan posee más de 300 hectáreas de terreno y una amplia residencia que, tras los trabajos de reforma, pasarán a ser un punto de encuentro para bodas, bautizos, comuniones y otro tipo de celebraciones.

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Poco se comenta, sin embargo, sobre su vida personal. Desde que se casó con María José Campanario, en el año 2002, Jesús ha ido perdiendo protagonismo como matador de toros para ocuparse, casi en la sombra, de lo que más le apasiona: su ganadería y su familia. El pasado mes de julio cumplió 18 años de casado con su mujer. Son precisamente las intimidades de su relación sentimental con la de Barcelona los aspectos de su biografía de los que menos se ha hablado. Hace apenas unos días, el diestro ha confesado que su esposa es «un pilar muy importante» en su vida y que en estas casi dos décadas nunca se han tambaleado «los cimientos» de su idilio.

En estos casi 20 años juntos, los cruces de acusaciones entre María José y Belén Esteban han ocupado un sinfín de titulares. También han dado que hablar las numerosas recaídas de Campanario, que padece fibromialgia desde hace 13 años. Una enfermedad que le ha provocado ingresos hospitalarios, crisis de ansiedad, episodios de insomnio... y una larga lista de quebraderos de cabeza que han supuesto una auténtica pesadilla para ella. Y también para Jesulín. Al igual que su mujer, él ha vivido un calvario del que nunca se ha pronunciado pero que, según sus allegados, ha supuesto un verdadero esfuerzo para salvarguardar su matrimonio.

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Cuando Jesulín y María José se dieron el ‘sí, quiero’, el torero vivía su época de mayor esplendor. Eran tiempos de vino y rosas. Un año después de jurarse amor eterno nacía Julia, su primera hija en común. Y en 2007 llegaba al mundo Jesús. Todo era felicidad. Sin embargo, las cosas cambiaron poco después del nacimiento del niño. María José empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad con la que lleva luchando más de una década. Se notaba cansada y sentía un dolor generalizado en el cuerpo, en especial en los músculos y las articulaciones. También empezó a notar cierta falta de sueño. Y el dolor, que en un principio parecía algo pasajero, empezó a convertirse en un compañero incómodo sin ganas de marcharse. Cuando el dolor empezó a ser crónico, Campanario supo que padecía fibromialgia. Un diagnóstico que supuso un importante reto para la pareja.

«Hay días en los que no te puedes mover», ha dicho la mujer de Jesulín sobre su enfermedad

«Es una enfermedad invisible, solo la percibimos los que la padecemos. Y es muy complicado que la gente a tu alrededor te entienda, porque hay días en los que realmente no te puedes mover y es bastante duro. Ha habido días en los que me he sentido completamente inútil», ha confesado Campanario. A raíz de la enfermedad de su mujer, a Jesulín le tocó cambiar su perspectiva de las cosas. Se dio cuenta de que debía volcarse en ella o sería muy complicado sobrellevar la situación. Es lo que ha hecho todos estos años. Educado en el seno de una familia muy tradicional -en el que la mujer solía adquirir la carga de casi todas las obligaciones del clan-, el de Ubrique tuvo que ‘reeducarse’ como pareja. De este modo logró ceder a su mujer la atención y el espacio que ésta necesitaba para curarse.

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En 2011, María José sintió la necesidad de cumplir su sueño de ser odontóloga. Así que, tras intentar realizar sus estudios en Madrid y en Barcelona, cogió las maletas y se fue a la ciudad portuguesa de Oporto. Aquello supuso un esfuerzo por parte de todos. En un principio, el maestro no entendió bien por qué tenía que irse tan lejos para estudiar. Sin embargo, tras reflexionar sobre ello se dio cuenta de que ella nunca le puso cortapisas para desarrollar su carrera sobre los ruedos. Así fue como, a pesar de ser criado en un entorno machista, accedió a los deseos de su mujer.

Campanario permanecía los días de diario fuera de casa, estudiando, así que Jesulín se hizo cargo de la casa y de los pequeños para que su mujer pudiese continuar con sus estudios. Por suerte, ni el tiempo ni la distancia hicieron que ella desistiera de su empeño. Cinco años después y tras muchas horas de estudio y grandes dosis de sacrificio familiar, María José Campanario se licenciaba. Su éxito fue posible gracias a su tesón y su fuerza de voluntad, qué duda cabe. Pero mucho tuvo que ver el apoyo incondicional de su marido, quien no puso límites a su mujer para que cumpliese la meta que se había marcado.

Campanario, ingresada en un psiquiátrico hace tres años

En 2016, la mujer del diestro se abría camino como nueva profesional de la odontología. Pero poco después llegarían nuevos episodios que harían mermar, y mucho, su salud. A su fibromialgia se sumaban algunos desequilibrios emocionales. En el verano de 2017 tuvo que ser ingresada en la clínica psquiátrica El Seranil, en la localidad malagueña de Benajarafe. Fue un durísimo revés para la pareja. También entonces Jesulín se volcó con ella para arroparla y estar a su lado. No le resultó fácil. Según fuentes cercanas al diestro, tuvo que hacer de tripas corazón para intentar animar a su mujer en sus horas más bajas. Verla en una situación de inestabilidad no fue sencillo, pero fue capaz de mantenerse a flote por el bien de su matrimonio y de su familia.

Desde entonces María José apenas hace vida pública. Y su marido sigue apoyándola, como siempre lo ha hecho, de manera discreta. Porque prácticamente no ha hablado del ‘via crucis’ que también a él le ha tocado vivir: la fibromialgia desde el punto de vista del cuidador, del ser querido del enfermo. Años en los que ha vivido momentos de dolor y angustia, y de los que nunca ha comentado nada públicamente. A día se hoy, su mujer «sigue un tratamiento» y lo gestiona «bien», ha confesado.

Redes sociales

Hace apenas unos días, María José Campanario intercambiaba opiniones con varios usuarios de las redes sociales. Con ellos compartió el secreto del éxito de su matrimonio con Jesulín. «Él tiene su mundo, que es su ganadería. Y yo tengo mi mundo, que es la odontología y lo que me gusta, que es tratar a mis pacientes. Y luego tenemos un espacio común que disfrutamos muchísimo los dos y en el que nos seguimos riendo mucho después de 20 años. Es muy importante seguir riéndote después de tantísimo tiempo», confesaba. Puede que la risa y la complicidad hayan sido el bálsamo que los haya ayudado a mantenerse juntos. Y el elemento fundamental que haya servido como eslabón para que sigan más unidos que nunca.