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Emilio Sánchez, con su mujer, Marisa Vicario, padres de Arancha Sánchez Vicario, la mejor tenista española de todos los tiempos.

Emilio Sánchez estaba ingresado en la clínica Quirón de Barcelona, donde falleció a los 83 años. Como dato significativo debemos señalar que Arantxa Sánchez Vicario había viajado desde Miami a la Ciudad Condal el pasado viernes, lo que hacía presagiar un inminente final.

Emilio llevaba ingresado desde el pasado mes de diciembre y no logró remontar los problemas de salud. A su lado ha estado su esposa, Marisa Vicario, quien alcanzó una gran popularidad mediática al haber acompañado a su hija en todos los torneos del circuito cuando era muy joven.

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Emilio Sánchez fue el padrino de su hija Arantxa en su primera y fallida boda con Joan Vehils.

Arantxa Sánchez Vicario tenía grandes diferencias con sus padres que acabaron en los tribunales y el hecho de que viajara hasta Barcelona para despedirse de él puede considerarse como un gesto de acercamiento. En cualquier caso, pese a las diferencias, no es un momento precisamente fácil para ella.

Debemos señalar que Arantxa está instalada en Miami, donde dirige la Metropolitan International School. La extenista está felizmente casada con Josep Santacana desde 2008 y son padres de dos hijos, Arantxa y Leo, que vinieron al mundo en 2009 y 2011. Asimismo, la tenista estuvo casada con el periodista deportivo Joan Vehils, pero la relación no llegó a buen puerto. De hecho se separaron en 2001, un año después de su boda.

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Los padres de Arantxa siguieron muy de cerca su carrera, aunque era su madre quien solía acompañarla a los torneos. Aquí la vemos regresando de un viaje con su padre.

Todos los problemas comenzaron en 2012, cuando en un libro de memorias Arantxa Sánchez Vicario afirmara que sus padres la habían dejado en la ruina. Este controvertido libro, que tenía por título ‘Arantxa ¡Vamos! Memorias de una lucha, una vida y una mujer’, marcó un punto de inflexión en la vida de la familia.

Ese mes de noviembre de 2012, la extenista se querelló contra su padre, su hermano Javier, el abogado Bonaventura Castellanos y el economista Francisco de Paula, a los que acusaba de haberse quedado con más de 16 millones de euros. 

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Arancha, con sus padres, cuando parecían vivir un momento feliz.