Marta Sánchez la ha vuelto a liar, en este caso en la televisión Argentina, donde se comportó como un colaborador de ‘Sálvame’ que hubiera tenido una rabieta y se saliera a los pasillos de Tele 5 con Paz Padilla siguiendo sus pasos hasta el cuarto de baño.

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Marta Sánchez, tomándose un mojito en medio de su enfado.

Para los que no lo sepan, Marta hace mucho tiempo que se dio cuenta que el dinero está en la televisión y no en la música, en América y no en España (para eso ha sido lista). De hecho, su último disco, ’21 días’ tuvo una repercusión modesta en España y ahora intenta relanzarlo en Argentina, donde concursa en el programa ‘Bailando por un sueño’, un espacio de máxima audiencia en el que parecía caer muy bien. Hasta ahora… Pese a que está dando nuevos aires a su carrera, la pequeña pantalla no está haciendo demasiado por su imagen pública.

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La cantante, abandonando el plató cuando el presentador estaba centrado en entrevistar a los bailarines.

En la última emisión del mencionado progama no soportó cómo el presentador del programa se puso a entrevistar a sus bailarines, Joel Ledesma y Jorgito Moliniers, y la dejó en un segundo plano durante varios minutos. Harta de esta circunstancia, Marta comenzó a hacer mohines y finalmente se fue del plató a una especie de backstage, donde un camarero le puso un mojito con el que volvió al plató, ya más relajada.

A la salida del programa, Marta Sánchez, a quien encuentro un poco ‘lost in translation’ en Argentina, quitó hierro al asunto, dijo enfatizando las erres que a ella le gusta ‘hablar de baile y amorrr’ y pretendió dar por zanjado el asunto. Sin conseguirlo.

En entrevista telefónica con ‘Zapeando’, el periodista argentino José María Lisorti afirmó: «Es muy exigente, como toda estrella. Tiene motivos por los que serlo, pero a las maquilladoras les hizo sufrir un poquito».

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Marta se quejó de haber tenido una puntuación baja en el programa por la actuación de sus bailarines.

No es la primera vez que Martísima tiene problemas en un programa de televisión y posiblemente no será la última. En su paso por ‘Tu cara me suena’ dejó momentos de hostilidad y falta de sentido del humor que provocaron que no renovara como jurado. Aunque seguramente tampoco a ella le hubiera intentado seguir en un formato para el que hace falta el desparpajo de una Lolita y la ironía de Ángel Llàcer.

Ya conté en este blog que haciendo un reportaje a Marta Sánchez en su casa pasé las de Caín porque nada le venía bien, ni la luz natural, ni el vestuario, ni las preguntas… Y por no ser yo tan protagonista desvelaré que no utilizó las mejores formas con otra compañera porque no le había gustado un titular de una entrevista. De hecho recibió un whatsapp de la cantante a las siete de la mañana en el que, recién aterrizada de México (trabajaba allí en el programa ‘La Academia’, una especie de ‘Operación triunfo’), soltaba unos exabruptos que no voy a reproducir aquí.

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En ‘Tu cara me suena’ protagonizó algunos enfrentamientos y dejó mal sabor de boca.

Estoy convencido de que Marta Sánchez es buena persona, me lo dicen los que la conocen en las distancias cortas, pero da la sensación de estar encorsetada en su personaje y de tomarse demasiado en serio a sí misma. De hecho, la propia Susanna Griso, que fue a grabar un programa con ella en Argentina, la recomendó que se relajara, que no estuviera tan pendiente de su imagen y que sacara partido a su privilegiada voz. Palabras que yo suscribo, porque creo que todavía no ha logrado el lugar que merece.

Aunque el mantra de sus últimas entrevistas es que hay una nueva Marta Sánchez, que estaba cansada de la anterior, a mi memoria viene su encuentro televisivo con Risto Mejide, en el que llena de tics de diva, pisó bastantes charcos, entre otros el de arremeter contra Carlos Baute, a quien debe su último hit musical hasta la fecha (con permiso de ‘La que nunca se rinde’ o ’21 días’, que tuvieron una repercusión moderada). Fue otra ocasión perdida para mostrar lo que creemos que hay debajo de esa superficialidad que a veces rezuma.

Desde aquí apelo a Marta Sánchez a preocuparse menos por lo que decimos los demás (incluido yo, que no sé si me leerá), a asumir el paso del tiempo con naturalidad y a proyectar sus innegables bondades.

Es una idea.