Por mucho que digan no me van a hacer tragarme ese sapo. Rocío Carrasco y su hija se van a echar de menos en la ‘boda gitana’ de la primogénita de Rocío Jurado.

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Rocío Flores Carrasco no asiste a la boda de su madre, Rocío Carrasco.

Hay enemistades legendarias, que duran décadas, incluso siglos, como la de Olivia de Havilland y Joan Fontaine, que esperan encontrarse en el infierno para sacarse los ojos… Nosotros, que creemos en la redención de las personas y en el perdón, seguimos apostando, contra viento y marea, por la reconciliación de Rocío Carrasco y su hija, que será la gran ausente en su calculada y lucrativa boda en Valdepalacios, un lujoso hotel a medio camino entre Oropesa de Toledo y Puente del Arzobispo, que va a estar más que blindado.

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Gloria Camila es un gran apoyo para su sobrina, Rocío, quien para ella es como una hermana.

Rocío Carrasco Flores va a estar presente en todos los corrillos, en las mesas del banquete, en los momentos claves de la ceremonia civil… Como Olvido Hormigos en la boda del hijo de Ana Rosa Quintana, porque uno de sus invitados estrella era Alessandro Lequio. Ya se sabe que a veces no se puede estar más presente que ausente. Es lo mismo que tener por enemigo a un muerto. Su sombra es tan alargada que no hay estrategia que valga para mitigar su recuerdo que el paso del tiempo.

La relación entre madre e hija es un puzle al que le faltan piezas, por lo que no nos podemos decantar ni por una ni por otra. Es como la enemistad más que palpable entre Mariano Rajoy Pedro Sánchez, que, digan lo que digan, están condenados a entenderse. Como también llegará un día en el que Gloria Camila (o Gloria Camorra, como la llaman los chicos de ‘Cazamariposas’) se reconciliará con su hermana y nosotros lo aplaudiremos.

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Rocío Carrasco va a vivir una boda con grandes ausencias.

Llegará un día en que no tendrá ningún sentido esta distancia, en el que ambas Rocíos se arrepentirán del tiempo perdido y se darán cuenta de que las discrepancias con diálogo se pueden suparar.

La propia Rocío Carrasco dio muchos quebraderos de cabeza a su madre, Rocío Jurado, tuvo una adolescencia que las revistas recogimos en la que hacía cosas propias de la edad aumentadas por la lupa del ojo público. Ahora es su hija la que tiene que vivir esa rebeldía, ese me pongo el mundo por montera… y tiene que ser ella la que facilite el camino de vuelta de la hija pródiga.

Rocío Carrasco, estoy seguro, pensará en su hija en la boda. Si no lo hiciera sería un replicante, un robot. Quizás se le escapará alguna lágrima (esperemos que no le arruine el maquillaje) y caerá en la cuenta de sus errores, como en un flash-back cinematográfico.

A Rocío Jurado no le hubiera gustado nada esta situación y si estuviera sobre este planeta y no en el cielo de los genios la situación en la Tierra sería distinta. Habría armonía familiar, porque les habría protegido a todos con sus ‘alas al viento’.

Pero la vida a veces tiene estas cosas… Las ausencias.