El sábado intenté ver la entrevista de Dulce, la niñera que sigue meciendo la cuna de Chabelita Pantoja, y la tuve que quitar por el aburrimiento.

Dulce ha rentabilizado ser la niñera de Chabelita Pantoja en sus entrevistas y como concursante de ‘Supervivientes’.

Dulce tiene un hablar pastoso, no es nada telegénica y se nota que no está preparada para salir a televisión ni a defenderse a sí misma. Su altruista intención era dar la cara por ‘mi niña’ (supongo que cada vez que Isabel Pantoja escuche esta expresión sufrirá retortijones), pero acabó contando cosas que son impropias de alguien que ha estado al servicio de otra persona.

Al paso que va la burra, las estrellas van a tener que hacer ellas mismas las tareas del hogar o firmar férreos contratos de confidencialidad porque si no acabarán teniendo a alguien como Dulce, que se ve con autoridad para airear trapos sucios cuando, si es tan leal como dice, tendría que guardar silencio.

No me extraña que Isabel Pantoja no quiera saber nada de Dulce, quien ha sido como una segunda madre para Chabelita.

Dulce afirma que Isabel Pantoja quería envejecer con ella, pero al mismo tiempo subrayó que trabajaba 24 horas y solo llegó a cobrar 600 euros. Que digo yo, que si se sentía parte de la familia no sería trabajo, y, si lo era, puso en esta entrevista sobre la mesa unas condiciones laborales lindantes con la esclavitud que debería haber denunciado.

De todas formas, ese trabajo tan intenso que desarrolló a las órdenes de la tonadillera (y supuestamente tan mal pagado) lo ha podido rentabilizar con creces gracias a sus entrevistas y a su paso por ‘Supervivientes’, donde no fue contratada por haber trabajado con Almodóvar o haber escrito ‘La regenta’.

Alejandro Albalá, a quien Dulce atacó con gran dureza, no se ha caracterizado tampoco por la coherencia.

No sé si Isabel Pantoja es buena, mala o todo lo contrario, hablo en términos morales, porque los delitos que cometió ya los ha pagado en la cárcel, pero dice muy poco de Dulce que se plante en un ‘prime-time’ previo pago para contar intimidades que no le pertenecen o que haga exclusivas en ‘deshabillé’ afirmando que sufrió acoso sexual en Cantora sin haber pisado antes una comisaría. Ni que hubiera pasado por allí Harvey Weinstein… Recordemos que luego reculó, ante el problema judicial que se le planteó, y acusó a la publicación de haber sacado de contexto el titular. Lo típico: matemos al mensajero.

La discreción es una de las cualidades que más valoro en las personas. Necesitamos tener confianza en los que nos rodean, porque si no acabaríamos sufriendo neurosis muy acusadas. La altura moral se mide en las malas circunstancias no en las buenas. Si has tenido desavenencias con alguien, poner el ventilador te desacredita más a ti que a quien estás atacando.

Por eso Dulce, aunque se guardara ases en la manga, aunque tuviera la actitud de voy a ser leal a ‘mi niña’, hizo más daño que bien y más le valía haberse quedado en casa.