Son las cuatro de la mañana. Me acabo de despertar y he visto en mi teléfono móvil muchos whatsapps diciéndome que ha muerto David Delfín. Anoche, a consecuencia de una especie de gripe pre-veraniega estaba ya durmiendo cuando sucedió. Ahora no puedo pegar ojo y me he decidido a prestarle este pequeño y humilde homenaje.

David Deflín compareció ante los medios en el Hotel Iberostar Las Letras para presentar un logotipo de una campaña de la lucha contra el sida.
David Deflín compareció ante los medios en el Hotel Iberostar Las Letras para presentar un logotipo de una campaña de la lucha contra el sida.

Estoy en shock. No por esperado menos impactante esta noticia. Hace unos días entrevistaba a Mario Vaquerizo y me decía que seguía luchando y luchando. Una lucha que estaba perdida de antemano, pero supongo que todos haremos lo mismo cuando nos llegue ese momento, porque estamos diseñados para sobrevivir. Al igual que su ropa, que quedará entre la más vanguardista, rompedora y singular de la historia de la moda española.

Unos días más tarde me costaba tragar saliva un vídeo que su novio, Pablo Sáez, había compartido en el que le veíamos acariciando el brazo inerte del diseñador andaluz en un gesto de ternura infinita, pero que me hacía preguntarme si era necesario mostrarlo. Supongo que sí en su caso porque habían compartido toda su historia de amor en las redes sociales y Davíd había dado la cara siempre. Hasta en las peores de las circunstancias, como la muerte de su amiga Bimba, a quien el cáncer también le segó la vida de manera prematura.

La transformación física de David era espectacular a consecuencia de los tratamientos.
La transformación física de David era espectacular a consecuencia de los tratamientos.

No tuve la suerte de conocer a David, aunque nos cruzamos muchas veces por la calle cuando era novio de Pelayo Díaz, una pareja tan guapa que te volteabas para mirarlos, tan modernos, tan suyos, tan ‘on their own’. El diseñador también había sido novio antes de un conocido mío, muy divertido y alocado, así que imagino que lo que harían sería reírse mucho juntos.

Porque fue la risa y la ironía una característica que David Delfín nunca perdió, algo que pude comprobar en persona en septiembre de 2017 cuando nos recibió a los medios para hablarnos de un logotipo que había diseñado para una campaña de prevención del VIH.

David caminaba con ligeras dificultades, tenía algunos problemas para expresarse, pero estaba muy despierto, lleno de planes y mantenía la capacidad intacta para ganarse a un auditorio, pese a un punto de timidez que no disimulaba.

Todos queríamos preguntarle lo mismo, cómo se encontraba, qué tal le estaban yendo los tratamientos, pero no sabíamos muy bien como hacerlo, así que agarré el micrófono y solo me salió decirle que lo mío no iba a ser una pregunta. Palabra arriba, palabra abajo le espeté que debía estar orgulloso por el valiente gesto de ese día y que se lo agradecía en nombre de mis compañeros. Todos aplaudimos.

David Delfín sonrió y nos dijo que no siguiéramos por ese camino, que se iba a emocionar. Nos contó mucho más de lo que nos hubiéramos imaginado, dio todo tipo de detalles sobre las secuelas de su enfermedad, de cómo estaba siendo ese camino y de sus planes de su futuro.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no llorar, como los que allí estábamos, pero teníamos las lágrimas a raya con las pestañas haciendo de muro de contención.

Tras la rueda de prensa unos cuantos nos acercamos a hablar con su representante, que nos informaba de que llevaba una temporada bastante estable, que estaban a la espera de unos resultados dos o tres días después, y que en función de esto ya irían viendo las cosas…

Por desgracia no ha habido un guionista que escribiera una continuación feliz a este historia y nos quedamos con un final muy triste. Sin embargo, recurriendo otra vez a Vaquerizo, muy amigo suyo, y un eficaz filósofo de andar por casa, mientras las personas estén en nuestra memoria no se acaban de ir del todo.

Siempre te recordaré, David.