Paz Padilla, entre la espada y la pared

Nunca me han gustado los linchamientos. Por eso me incomoda mucho ver pasar las de Caín a Rosario Mohedano (a mí me gusta mucho Chayo, porque rima con Chimo Bayo, pero a ella no, así que, Rosario) cada vez que aparecen los de ‘Sálvame’ en una de sus actuaciones.

Ella misma ha calificado de acoso la situación que está viviendo y ayer Paz Padilla se puso del lado de la sobrina de Rocío Jurado. O lo que es lo mismo, enmendó la plana a sus propios jefes que han convertido en contenido prioritario la gira nacional por los modestos escenarios a los escenarios la intérprete de ‘A la que venga’.

Paz Padilla está triunfando en el teatro Capitol de Madrid con la obra ‘Desatadas’, dirigida por Félix Sabroso, a quien recordaréis por películas como ‘Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí’ o ‘Los años desnudos’, en la que intervino Mar Flores.

No pierdo de vista que los reporteros del programa de Tele 5 son como los teloneros de sus conciertos, la actuación previa que calienta el ambiente hasta que sale la estrella, en este caso la hija de Rosa Benito. Porque, a su modo, también lo es. Si no que se lo digan a los cantantes que se desgañitan en el metro a cambio de casi nada. Es más, estoy seguro que su público está más que pendiente de si aparece alguna cámara para incluso prestarse a hacer declaraciones, bien sea para ponerla fina o para partirse el pecho por ella.

Paz Padilla, como artista que es y como se define, empatizó lo más grande con su dolor y defendió a Rosario frente a sus compañeros de programa. Yo también lo haría en su lugar, pero, claro, está en un programa que tiene una manera de hacer, de narrar y de convertir en ‘reality’ a los personajes. Es más, ella en ocasiones se muestra, para mi gusto, demasiado incisiva con otras personas que también merecerían piedad.

Rosario Mohedano está viviendo un momento mediático muy delicado.

A veces da la sensación de que Paz Padilla prefería no tener que hacer ciertas cosas, como cuando tuvo que presenciar cómo se desentrañaban las miserias (que luego no lo eran) de Chiquito de la Calzada, alguien que no se merecía la que se montó a su alrededor tras su muerte. Son situaciones en las que la actriz se pone a sí misma entre la espada y la pared, un peaje que debe pagar. Como todo el mundo en sus trabajos, solo que en su caso muy bien remunerado. Dicho esto sin que suene a reproche, porque lo gana porque ella lo vale.

‘Sálvame’ es lo que es y ahí radica su grandeza. Que no engañan y que el mando a distancia es soberano. Es más, si se tienen que inmolar en directo, lo hacen, si les viene bien poner a alguien al filo del despido delante de las cámaras no les tiembla el pulso y si tienen que airear sus menudencias hasta las últimas consecuencias echan todo el agua para el sembrado.

Jorge Javier Vázquez, a quien todos los que me leéis sabéis que admiro (también a Paz, que está estupenda en su nueva obra, dirigida por el gran Félix Sabroso) desprecia el calificativo de ‘telebasura’ que tanto utilizan sus detractores contra él y que habría que aplicar a otros programas que, bajo una pátina de respetabilidad, generan contenidos muy tóxicos.