Paquita Salas salvó la noche más aburrida de los Goya

Brays Efe, el actor que encarna a Paquita Salas, esa representante de actores que irremediablemente nos hace pensar en Terelu Campos, ha salvado esta gala de los Goya de convertirse en una de las más aburridas de la Historia.

Escribo de memoria, porque las cosas tediosas tiendo a olvidarlas, pero no recuerdo una tan anodina desde la que presentó como con desgana Antonia San Juan hace unos años. La gala de este año ha sido como para quedarse dormido después del segundo o tercer premio.

Si no me hubiera tocado trabajar esta noche seguro que habría acabado despatarrado en el sofá a ronquido vivo. Pero aquí estoy, en pie, esperando que acabe el palmarés para soñar con una mejor el año que viene, con la misma frustración que se me queda después de cada festival de Eurovisión.

Paquita Salas, un personaje inolvidable, que ha llenado de chispa una gala apagada y sin brillo.

Ha sido llegar Paquita Salas, a quien muero por ver en su segunda temporada en Netflix, y dilatarse mis pupilas. Sin haberme pegado un chute de cafeína, que no me sienta bien desde que dejé la Coca Cola hace cuatro años.

Tengo la sensación de que en el patio de butacas más de uno se habrá despertado con la irrupción de Paquita (una mujer que tiene muy claro que lo importante para los actores no son las películas sino hacerse ‘pasapalabras’). Ha sido una noche de modorra, en la que los premios se han sucedido como los números de la Lotería de Navidad, monótonos, con un soniquete anestesiante. Los galardones se ciñeron de manera apabullante a las previsiones. Aunque al final hubo sorpresa y ganó mi adorada Isabel Coixet, quien, quizás por ser mujer, recibe menor atención mediática por sus triunfos internacionales que otros hombres cuyas cinematografías tienen menor calado y diversidad de registros.

Incluso Marisa Paredes, a quien hubiera agradecido un puntito de divismo e histrionismo, se ha ceñido al reloj en su gran noche, y ha dado un discurso que si se lo hubiera guionizado Almodóvar hubiera discurrido por otros derroteros más propio de las divas a las que ha interpretado que lo que es ella. Sencillamente, una actriz.

Paquita Salas ha llegado para revolucionar un poco el gallinero y para reivindicar su lugar en una época en la que andamos justos de genios. Es bastante probable que a Brays le pase lo que a Antonio Ferrandis con Chanquete, que nunca se pueda quitar de encima el personaje, pero son pocos los que logran calar así de hondo en el público. En el caso del actor gallego mucho más minoritario, pues empezó como un fenómeno de internet y ahora está en una plataforma de televisión a demanda, pero los que somos fans de Paquita somos como los pantojistas, muy leales y entregados.

¡Enhorabuena!