Los Pantoja, un clan marcado por el rencor

La vida de los Pantoja daría para un drama de Shakespeare, para un ‘Hamlet’, aunque habida cuenta del nivel en que nos movemos, para un ‘Amar en tiempos revueltos’, porque las cosas vienen muy de atrás.

No hay acontecimiento de este clan que no esté teñido de rencor, dolor, rencillas, frases como navajazos lorquianos… El último, la muerte de la madre de Chiquetete, a quien se conocía popularmente como ‘la Chumina’, pero cuyos familiares requieren, como poco el tratamiento que se da a su cuñada, doña Ana Martín, madre de Isabel Pantoja, nada de ese apelativo cariñoso del pasado que, así de primeras, suena un poco de aquella manera….

Ayer, Anabel Pantoja manifestaba que para ella esa señora, que es su tía abuela, no es su familia, porque no la ha tratado, y se disfrazaba de Barbie por exigencias de ‘Sálvame’, para dar un toque esperpéntico a cada una de las conexiones que se hacía con José Antonio León, que informaba del devenir de este luctuoso acontecimiento.

Isabel Pantoja siempre es actualidad. En muchas ocasiones en contra de su voluntad.

Anabel no tiene la culpa de nada y el humor me gusta hasta en los momentos dramáticos, porque, como cantaba Freddy Mercury, ‘The Show Must Go On‘, pero lo que ayer se puso de manifiesto es que la familia está más enfrentada que los Capuletos y los Montescos (perdonadme tanta referencia shakespeariana).

Enumerar las afrentas, los enfrentamientos, los desaires, las frases fuera de lugar y los desencuentros me daría para una tesis doctoral, como también adentrarme en qué ocurre en esa familia. Estoy por llamar a algunos de mis psicólogos de cabecera a ver si me sacan de este lío, pero estoy seguro que ni ellos mismos sabrían desenredar la madeja.

No quiero repetir las palabras de Mila Ximénez en ‘Aquí hay hay tomate’, porque no vienen al caso y porque todos vosotros las recordáis. No sé si la ex de Manolo Santana tendría razón o no, porque no conozco a Isabel Pantoja ni a nadie de su familia. Solo he tratado con su nuera, Irene Rosales, porque fue bloguera en nuestra web, y no puede ser más amorosa. Sin embargo, son demasiados los que cuestionan a la intérprete de ‘El señorito’ o ‘Garlochí’. Que no creo que sea tan diabla como la pintan ni tan víctima como ella se muestra, quitándose las gafas de sol y mirando a cámara con los ojos trémulos con las lágrimas a punto de salir de su manantial.

Eso sí, sus colaterales siguen escribiendo capítulos nada edificantes para regocijo de una audiencia ávida de miserias humanas. Yo prefiero quedarme con la Pantoja artista, esa bata de cola en movimiento en comunión con miles de personas para quien ella es religión.