Donald Trump ha vuelto a ser acusado de una agresión sexual por parte de una exmodelo. A pesar de la infinidad de mujeres que lo han hecho antes, no pasa nada y él se queda tranquilo con tan solo negarlo, aduciendo que no había testigos


Donald Trump está en el ojo del huracán, pero esto no es nada nuevo, porque el presidente de los Estados Unidos se siente cómodo en plena polémica. En medio de una pandemia mundial que ha tocado con especial virulencia en su territorio, con incendios forestales que asolan el país y a los que él no da mayor importancia, con las calles tomadas por las protestas contra los ataques raciales por parte de la policía y con las elecciones de noviembre a la vuelta de la esquina. Ante este complicado panorama, Donald Trump ahora suma un nuevo problema y es que acaba de ser acusado formalmente por parte de una exmodelo de haber sido agredida sexualmente. Y no es la primera vez que se enfrenta a estas acusaciones.

Amy Dorris, de 48 años, ha denunciado públicamente ahora los desagradables episodios que presuntamente tuvieron lugar hace ya más de dos décadas durante un partido del torneo de tenis US Open, tal y como ha publicado el diario británico ‘The Guardian’. Esta exmodelo se acuerda con precisión milimétrica lo que sucedió aquel 5 de septiembre de 1997, motivo por el cual ha decidido ahora narrar su traumático encuentro con Donald Trump, acusándole de una supuesta agresión sexual por parte del ahora presidente de los Estados Unidos, que por aquel entonces era tan solo un excéntrico magnate millonario y amigo de su exnovio.

En ese fatídico día, según recuerda la propia Amy Dorris, ella y su novio, que era íntimo amigo de Donald Trump, fueron invitados por el propio Donald Trump a presenciar desde su palco privado el encuentro de tenis en el Abierto de Nueva York. Ella tenía 24 años y estaba felizmente enamorada de su chico y en ningún momento dudó de las supuestas intenciones de su amigo, que sin mediar palabra la abordó cuando se encontraba en el baño, siempre según su versión ofrecida al citado medio británico.

Asegura que Donald Trump entró en el lavabo decidido y la sujetó para retenerla, para después besarla forzosamente y tocarle sus partes íntimas sin su consentimiento: “Me metió la lengua hasta la garganta y lo empujé. Fue entonces cuando me agarró más fuerte y sus manos me palparon el trasero, los pechos, la espalda, todo”, recuerda la exmodelo, que ha tardado 20 años para reunir las fuerzas suficientes para hablar sobre este duro episodio de su vida sin miedo a las consecuencias.

Amy Dorris ha querido hacer valer su testimonio con pruebas, dado que sabe a ciencia cierta que habrá quienes pongan en duda su versión de los hechos y que las críticas serán feroces. Entre las pruebas que ha presentado al periódico en el que ha querido contar su historia está su entrada para el US Open y numerosas instantáneas junto a Donald Trump, lo cual en sí no demostraría más que ambos coincidieron en el mismo espacio y que tuvieron cierta cercanía.

Aun así, se ha armado de valor para contar lo que lleva años silenciando, algo a lo que ya se vio tentada en 2016, cuando optaba a la Casa Blanca por primera vez, en plena campaña electoral. En ese momento, numerosas mujeres sumaron fuerzas para hacer oír sus testimonios de supuestas agresiones sexuales por parte de Donald Trump, pero ella optó por no contar su historia para no hacer daño a su familia y no poner el foco de los medios sobre ellos, ahora, ha encontrado el valor que hace 4 años le faltó y ha narrado con detalles lo sucedido.

“Me sentí violada y no hice nada para animarlo a tocarme”, asegura con cierto temor la exmodelo, a sabiendas que surgirán voces por parte de las bases más conservadoras del país, que pondrán el foco de la agresión sexual en ella y no en el supuesto depredador sexual. Esta es una de las grandes lacras de nuestra sociedad y es que cuando una mujer decide contar que ha sido víctima de una agresión sexual, siempre hay quien subraya que haya pasado tiempo desde lo sucedido hasta que lo hace público, o se quiere fijar en la indumentaria que llevaba, como si eso justificase que un hombre decida de manera unilateral manosear a una mujer hasta el punto de hacerla sentir “violada”, como así mantiene Amy Dorris que se sintió: “Estoy harta de que se salga con la suya”, sentencia.

Donald Trump toma la palabra para defenderse

La reacción de Donald Trump ante esta nueva mujer que le señala como un presunta agresor sexual, el presidente de los Estados Unidos ha contraatacado con todas sus fuerzas con el poder que le confiese su carísimo equipo jurídico. A través de sus abogados, el mandatario ha negado tajantemente que estos episodios hayan tenido lugar y se escuda en el hecho de que si eso hubiese sucedido tal y como ella cuenta en un baño, otras personas se hubiesen percatado de lo sucedido y contaría con el respaldo de testigos de la supuesta agresión. Es decir, como nadie más lo vio, él asegura que no se puede probar que sucedió, por lo que todo se queda en una acusación más, que se suma a la multitud que otras mujeres han defendido a lo largo de los últimos años y que no han logrado hacerse oír.

Otro de los puntos en los que basa su defensa Donald Trump ante las acusaciones de Amy Dorris es que ésta no ha presentado aún ninguna denuncia formal ante las autoridades pertinentes. Ante la ausencia de denuncia, tanto él como su equipo de abogados consideran que su intención de señalarle como agresor sexual reside exclusivamente a un interés político de minar su carrera para continuar aferrándose a la presidencia a los Estados Unidos y no abandonar el Despacho Oval. Una decisión en manos del pueblo que tiene que tomar en tan solo unas semanas, en medio de infinidad de polémicas y desastres que ponen en entredicho su valía como mandatario, aunque no su poder como hombre de negocios.