Mar Flores está viviendo sus propias ‘Hormigas blancas’, aquel programa de Tele 5 en el que tiraban de hemeroteca para desmenuzar hasta las últimas consecuencias el pasado de los famosos y en el que la mayoría salían mal parados al no reconocerse en declaraciones pretéritas o en fotografías que más valdría haber quemado.

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Mar Flores y Cayetano Martínez de Irujo en 1998, en un viaje a Disneyland París.

El pasado siempre vuelve… Y es lo que le está pasando a Mar Flores, quien después de años de llevar una vida que haría envidiar a la propia Isabel Preysler por la pulcritud, la finura, las palabras medidas y el ‘savoir faire’. Sin embargo, estos días su castillo de naipes se ha venido abajo y personajes secundarios de su pasado (o no tanto) como Alessandro Lequio y Kiko Matamoros han empezado a echar fuego por la boca como dragones despertados de su letargo.

Ha sido Lequio quien me ha hecho tirar hoy de mi hemeroteca mental al afirmar que con quien realmente quería estar Mar Flores es con Cayetano Martínez de Irujo. Y yo creo que él también, pero vayamos por partes…

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La pareja en una aparición pública. No hay más que observar la mirada de Cayetano para sacar conclusiones…

Antes de tirar de mis recuerdos voy a citar a la propia protagonista de ‘Resultado final’, posiblemente la peor película de Juan Antonio Bardem, cuyo estreno, sin embargo, parecía el de ‘El último cuplé’, porque colapsó la Gran Vía y yo mismo estuve a punto de morir ahorcado por el cable del micrófono de un cámara que se afanaba por llegar a la estrella.

A lo que iba, nada mejor que sus palabras, en 2001, recogidas por El Mundo para ilustrar como ha archivado en su cabeza su relación con el ex de Genoveva Casanova: «A veces pienso que, si él le hubiera echado dos cojones, a lo mejor lo nuestro hubiera podido funcionar. Bueno, no es verdad. No hubiera funcionado por muchas razones. Tendría que haber solucionado primero sus propios problemas. Además, su madre le dijo al final, después de estar dos meses en mi casa, que si seguía conmigo le desheredaba».

Mar Flores hubiera ascendido mucho socialmente de haberse casado con Cayetano (económicamente no tanto, porque como tantas veces ha reconocido el aristócrata, no le sobra el ‘cash’) e hizo un ensayo con mantilla enhiesta acompañándole a la boda de Eugenia Martínez de Irujo y Fran Rivera. Momento cumbre para la entonces modelo cuya estrella dejó de acompañarla hasta que Javier Merino se volvió a cruzar en su camino y la ayudó a construir la familia perfecta al estilo de la de Julio Iglesias y Miranda.

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Mar con Cayetano, tras el estreno de su segunda película, ‘El Coyote’, en la que se puso a las órdenes de Mario Camus.

Cayetano estaba enamoradísimo de Mar… Puedo dar fe. En plena locura química (a causa del amor, no se me malinterprete) la modelo acudió al Hotel Miguel Ángel de Madrid para reunirse con la Peña Periodística Primera Plana de la que yo era miembro. Estaba en una etapa ascendente, con una imagen rehabilitada, con su carrera más o menos encarrilada y evidenció por qué quien se cruza con ella cae rendido a sus pies.

Además de ser una de las mujeres más guapas que he conocido (junto con Carmen Ordóñez), es sexy, pero cándida al mismo tiempo, habla con cadencias suaves y su voz, al menos entonces, sonaba ligeramente infantil. Sus palabras eran medidas, sin matices ni dobles sentidos, no se mostraba ni irónica, ni maléfica ni pretenciosa, lo que contribuía a dar credibilidad a cada una de sus afirmaciones.

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Nada hacía presagiar el final de su matrimonio con Javier Merino.

A alguno de nosotros se le ocurrió preguntar por Cayetano y ella dijo que le estaba esperando fuera del salón donde almorzábamos, como un perrito a la espera de que salga su dueño (dicho sin ánimo de ofender, advierto, sino para entendernos), así que le hizo una llamada y en menos de dos minutos estaba allí el hijo de la duquesa de Alba sentado con nosotros, arrobado, encantado de estar en su piel, de tener a semejante mujer a su lado, él que había conquistado a bellezones de portada. Asentía como hipnotizado a cada afirmación de Mar, al mismo tiempo que apostaba por el amor, como cantaban Lola Flores y Lolita.

Estoy seguro que Cayetano, siempre discreto, no va a hacer como Alessandro Lequio, no va a tirar de la manta, porque tendrá la clase de los que pensamos que cuando una persona estuvo a tu lado, salvo que te hiciera la faena del milenio, es parte de tu biografía y no se debe revolver en los recuerdos negativos. Así que, salvo que fuéramos capaces de leer la mente o los guionistas de la vida nos regalen unas inesperadas declaraciones, nos quedaremos con las ganas de saber si Cayetano fue ‘el amor imposible’ de Mar Flores o viceversa.