La primera alarma de que algo podía sucederle a Catherine Zeta-Jones, de 43 años y ganadora de un Oscar por su papel en el musical de 2002 «Chicago», saltó el último fin de semana de abril, cuando la actriz galesa no acompañó a su esposo, Michael Douglas, a la cena de corresponsales de la Casa Blanca presidida por Barack Obama.
El lunes 29 de abril, Catherine ingresó en una clínica para tratarla del desorden que padece, trastorno bipolar tipo 2, la forma más leve de esta enfermedad que se caracteriza por crisis con cambios de humor extremos y comportamiento errático. Según el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, esta dolencia cursa con períodos alternos «de niveles elevados de energía e impulsividad que no llegan a ser tan extremos como la manía» seguidos por «episodios de depresión».

Catherine Zeta-Jones en la gala de los premios Chaplin en Nueva York
La actriz galesa, de 43 años, casada con Michael Douglas desde 2000, es madre de dos hijos: Dylan y Carys, de doce y diez años respectivamente.

Catherine Zeta-Jones ha decidido someterse a terapia tras una recaída y para prevenir un empeoramiento de su enfermedad: «Es una medida preventiva, de mantenimiento. Catherine está ingresada para poder recibir atención periódica para gestionar su salud de una manera óptima», ha explicado el portavoz de la actriz.

Hace apenas una semana que se había visto en público a Catherine Zeta-Jones, en la gala del 40 aniversario de los premios Chaplin en Nueva York, la ciudad en la que reside con su marido, el también actor Michael Douglas, y los dos hijos que tiene la pareja: Dylan Michael, de 12 años, y Caris Zeta, de diez.