Es habitual que a las madres les toque bailar con la más fea y Carmen Bazán no ha sido una excepción.

Carmen Janeiro ha superado diversos problemas de salud, entre otros, una depresión de la que ha salido fortalecida.

La vida de Carmen Bazán da para un serial que se podría titular ‘Ambiciones’. No se me ocurre otro mejor. El escenario principal sería la finca de su hijo Jesulín, pero también la modesta vivienda que se ha comprado en El Bosque, que se ha convertido en el epicentro familiar, ya que por allí pasan sus hijos de forma habitual. Ella les cocina, les aconseja, les apoya en los momentos difíciles y hasta tiene una habitación preparada para que pueda visitarla su nieta mayor, Andrea Janeiro.

Carmen, por lo que leí hace unos días en Lecturas, es una mujer sin rencor, de brazos abiertos y feliz con lo poco que tiene, que para otros sería muchísimo, ojo. La madre de Jesulín de Ubrique es toda una lección de estoicismo, de poner la otra mejilla y de supervivencia.

Carmen, de fiesta con su hijo Víctor y su nuera, la periodista Beatriz Trapote, quien en los últimos tiempos ha desaparecido de la televisión a nivel nacional.

Carmen Bazán es el eslabón más débil del clan Janeiro y a la vez el más fuerte, porque ha podido con todo. Su debilidad estriba en que por el qué dirán, por mediar, por no dar que hablar, se ha tenido que tragar sapos, en algunos casos repugnantes. Su fortaleza, que ha superado una depresión, se ha reencontrado a sí misma y ha aceptado las cosas tal cual le han venido.

A mí me cae muy bien, sin conocerla, considero que, como muchas mujeres de su generación, ha tenido un carácter más adaptativo que modificativo, lo que le ha impedido dar rienda suelta a sus deseos, no a los más recónditos, sino a cosas tan básicas como dejar al que ha sido el único hombre de su vida, Humberto Janeiro, quien durante años le acarreó sufrimiento y tristeza.

Carmen Bazán siempre ha reivindicado su cariño por su nieta Andrea y su buena relación con Belén Esteban.

Para los no iniciados, las personas adaptativas son las que, como las cucarachas, son capaces de sobrevivir a todo, hasta a los ataques nucleares, individuos que prefieren quedarse donde están por el miedo a lo desconocido. Los modificativos son los capaces de echarse una mochila a la espalda y dejar todo atrás en busca de una vida mejor.

Carmen ha sido de las primeras, adaptativa, pero gracias a eso ha sobrevivido y, como cantaba Rosario Flores: «que me queda mucho, mucho por vivir. No sé si está bien o mal. No sé qué puede pasar. Sólo siento mi verdad. No quiero mirar atrás«.

La matriarca de los Janeiro mira al frente y eso ‘es bien’.