A partir de ese momento la atención se centró en Carmen Cervera, tras confirmar el letrado de Borja y Blanca que la única acusación que se mantiene, por el momento, contra el matrimonio Thyssen es la particular, ejercida por la baronesa. En el plazo de un mes Tita tendrá que exponer de qué les acusa y especificar qué secretos han desvelado su hijo y su nuera, para proseguir con el proceso. De hacerlo así, sería Tita Thyssen, madre y suegra de los imputados, quien les sentase en el banquillo de los acusados para que se aclaren estas cuestiones en un juicio.

No ha tardado en producirse la reacción de la baronesa que también se ha pronunciado en esta situación, manifestando su disposición a tender una mano a Borja y asegurando que no soportaría verle sentado en el banquillo. Inicialmente su ofrecimiento, para una posible retirada de la denuncia y abrir las puertas a una reconciliación familiar, pasarían porque Borja diera los primeros pasos en el acercamiento que tanto dice desear. Así, considera que la solución estaría al alcance del joven al que pide que ponga de su parte para reparar el daño causado y recuperar los lazos familiares, inexistentes ahora. A cambio, Tita manifiesta su predisposición a la generosidad en la resolución del conflicto que ha mantenido enfrentados a madre e hijo durante los últimos años.

Fuentes cercanas a la otra parte, Borja y Blanca, dando un paso más allá de los últimos pronunciamientos verbales de la baronesa, parecen considerar que la retirada de la denuncia sería una primera muestra de la comentada buena voluntad maternal de Carmen Cervera. Obras son amores…, con lo que, habida cuenta de la crónica de esta enquistada guerra Thyssen contra Thyssen, tampoco ahora parece encontrarse cerca la firma de la tan deseada paz.