1. Carmina no era su nombre familiar, aunque muchos se empeñaron en utilizarlo como seña de proximidad con Carmen. Ese diminutivo se le aplicaba en el hogar de los Ordóñez a Carmen Dominguín, la matriarca del clan familiar. A su hija mayor la llamaban en casa y sus íntimos Carmuca.

Carmen Ordóñez en Tánger en 2002

Carmen en su refugio marroquí de Tánger, una ciudad en la que vivió largas temporadas después de haber residido durante años en Marrakech como ‘Madamme Contreras’, mientras estuvo casada con el padre de su tercer hijo, Julián, conocido como ‘Junior’ en casa.

2. «A mí ‘plin’, soy Ordóñez y además soy Dominguín«, una muletilla que tanto Carmen como su hermana pequeña, Belén, también fallecida como ella, solían aplicar llegada la ocasión fue una particular versión de un conocido y popular eslogan publicitario de la época, de una famosa firma de colchones, que Luis Miguel Dominguín, padre de su primo Miguel Bosé, adaptó para sus sobrinas Ordóñez.

Carmen y Belén Ordóñez en la Semana Santa de Sevilla en 2002

Derrochando entusiasmo y la pasión que puso en todo, en el balcón situado enfrente de la Capilla de los Marineros de la trianera calle Pureza, viendo la entrada de su Esperanza de Triana el Viernes Santo, junto a su hermana Belén Ordóñez, en la Semana Santa de 2002, dos años antes de morir.

3. Vivió una infancia de las ‘Mil y una noches’, en un ambiente mágico que compartió como una piña con las hijas de los íntimos de sus padres, sus amigas del alma de toda la vida, las dos con sangre calé en sus venas: Lolita, hija de Lola Flores, y Charo Vega, hija del mítico Gitanillo de Triana. Tan pronto viajaba en avión privado con sus padres a París a comienzos de los raquíticos años sesenta en la España de la época, como cenaba en Madrid y desayunaba en Barcelona, presagiando los hábitos de la jet-set,  con su hermana Belén y sus íntimas, que seguían a sus padres en su intensa y chispeante vida social.

Carmen Ordoñez -Marruecos-2002

Sus andanzas por el mundo, que recorrió de punta a punta, en sus casi cinco décadas de vida, la llevaron a descubrir y enamorarse de Marruecos, donde se planteó seriamente retirarse, aunque: «Siempre yendo a mi Semana Santa y mi Rocío… De la Feria (de Sevilla), puedo pasar», decía.

4. Cursó estudios en el Liceo Francés, por lo que dominaba la lengua de Molière, y recibió una educación más abierta y liberal que la de las jóvenes madrileñas de su tiempo. Una de sus banderas fue respetar la libertad de los demás y la mantuvo a las duras y a las maduras, en las batallas sociales y en los rifirrafes familiares, que también los hubo, derrochando una clase natural que nadie le ha discutido.

5. Aunque nació en Madrid el 2 de mayo de 1955 era una enamorada del sur: la Ronda de la serranía malagueña, patria chica de los Ordóñez, y Sevilla, donde se instaló con Paquirri en los primeros años de su matrimonio y en cuya vida festiva y votiva se implicó desde el primer momento, de sus padres heredó la vocación trianera y pertenece a la Hermandad de Triana, donde era un clásico ver su imagen, bellísima, deshecha en llanto delante de su Esperanza de Triana, su Virgen, mientras que Paquirri, al igual que su suegro y luego sus hijos, todos incluido Kiko, salieron en la ‘madrugá’ acompañando al Cristo de las 3 Caídas; en su etapa final recaló en Tánger, primero y luego en Marrakech, de la mano de su amigo Adolfo de Velasco.

Carmen Ordóñez en-el-Quema-1995

Carmen Ordóñez, una rociera más de la Hermandad de Triana en el emblemático paso del Rio Quema, camino de la aldea de El Rocío para ver a su Blanca Paloma.

6. Aunque adoraba a su madre, un ser excepcional al que sus nietos llamaban ‘Amor’, no negaba su predilección por su padre y se declaraba «Hija de padre». ‘El Bobo’, como familiarmente se conocía a Antonio Ordóñez, fue quien siempre acudió a salvarla de sus problemas por lo que se refería a él con humor como «San Antonio Ordóñez». Así lo hizo respaldándola económicamente a ella y sus nietos mayores cuando se separó de Paquirri renunciando a todo lo que pudiera corresponderle a los 23 años de edad, después de seis años de matrimonio, tras una boda que contrajo a sus juveniles 17 años, y tener dos hijos en común: Fran y Caye, apodado ‘el bola’ en el clan Ordóñez por la redondez de su rostro infantil. «En mi casa me han enseñado que lo que se gana en los toros es del que se pone delante de los cuernos«, explicaba su inusual desprendimiento y generosidad.

7. Cuando voló en solitario, fueron las exclusivas periodísticas, género en el que fue pionera, las que la ayudaron a sostener un tren de vida propio de una princesa rusa. Que ella supo compartir con todo su entorno con una generosidad proverbial y sutil propia de la educación exquisita que siempre la acompañó: jamás una voz más alta que otra, por crítica que fuera la situación; nunca un gesto que hiciera sentir incómodo o en situación de inferioridad a su interlocutor. Carmen recibía con una mano lo que necesitaba para ir saldando las deudas que iba adquiriendo, en su vida de placeres compartidos, al tiempo que con la otra gastaba una parte sustancial de lo recibido. por ejemplo pagando los gastos de hotel de los informadores que la iban capitalizando, en gesto de hospitalidad y hacía que ‘su secretaria’ y ‘su chófer’ les acompañaran amablemente al aeropuerto. ¡Genio y figura!

Carmen Ordóñez con-la revista Semana-1990

Lectora habitual de las revistas ilustradas, ocupó infinidad de portadas, pero también seguía con interés las noticias de sus conocidos. La portada de ‘Semana’, con la que posó, la compartían Isabel Pantoja, viuda de Paquirri, y Fran Rivera, su hijo mayor, en 1990, cuando Carmen se enfrentó legalmente a la cantante para exigir que entregase a sus hijos los recuerdos personales de su padre, que les correspondía como herederos.

8. Con su amiga del alma, de aventuras galantes y desventuras, Lolita, mantuvo dos desencuentros que tuvieron nombre de hombre: Francisco Rivera Pérez ‘Paquirri’ y Francisco Rivera Ordóñez. No fue Antonio Arribas, uno de los míticos ‘Choris’ de la Marbella de las décadas doradas, motivo de desencuentro entre la mayor de las Flores y la mayor de las Ordóñez. Aunque el primer novio de Lolita la sustituyó en su corazón por Carmen, fue la relación sentimental que ella inició con Paquirri, su exmarido entonces, el detonante que distanció a las amigas un tiempo. Carmen no asimiló bien, que Lolita no le comentase nada y se tuviese que enterar por terceros, aunque ella ya volaba sola y su matrimonio era página pasada. Cuestión de lealtad. La rumoreada relación de Fran Rivera, su hijo, con Lolita, años después, por razones obvias y aunque ella declinase hacer cualquier declaración sobre el tema, fue otro asunto que estuvo a punto de dar al traste con una relación que, no obstante se mantuvo hasta el final de su vida.

9. Con fama de seductora y de romper el corazón de los hombres, la bellísima Carmen Ordóñez vivió el amor, los amores, sin que ninguno la marcase definitivamente. Fueron los cuatro hombres de su vida: su padre, Antonio Ordóñez; y sus 3 hijos: Fran, a quien consideraba el más elegante de los tres ‘lo es hasta cuando sale de la ducha envuelto en una toalla’ decía la divina en la adolescencia de suhijo; Caye, que se retuvo en su vocación taurina consciente del pesar de su madre ante la elección de Fran; y Julián, su valedor y su apoyo en el declive de sus últimos años.

Carmen Ordóñez con-sus-hijos-1996

Madre leona y orgullosa de sus ‘hombres’, Carmen Ordóñez ha marcado la vida de los tres, con quienes la vemos en una imagen feliz del verano de 1996.

10. El día de su tercera boda, con Ernesto Neyra, el 7 de noviembre de 1997 en un cortijo de Guillena, en Sevilla, Carmen llevó perlas según me dijo: «echándole un pulso a la tradición de que ‘las perlas en la boda son lágrimas en el matrimonio’». Perdió el pulso y las lágrimas llegaron, aunque ella supo ser siempre positiva y anteponer su espíritu generoso y optimista a los vaivenes de su destino, marcado desde la cuna hasta las cenizas, que sus hijos y su hermana Belén esparcieron en las marismas de El Rocío, donde nacieron muchos de sus últimos amores.

Carmen Ordóñez en Tanger-2001

Descanse en paz una de las más apasionadas, glamourosas y auténticas ‘Reina de Corazones’, fallecida antes de cumplir los 50 años y verse envejecer, uno de sus grandes temores, compartido con otras muchas ‘celebrities’ que nos abandonaron en edad temprana.