Este tipo de pieles requieren un cuidado especial. Ficha estas ideas para tratarlas como merecen.


Todas las pieles necesitan de cuidados adecuados, pero hay algunas que precisan de un trato más concienzudo porque tienen tendencia a irritarse y a alterarse con más facilidad. Entre estos tipos de pieles más sensibles destaca la piel atópica, una de la que, por suerte, cada vez se habla más y para la que hay bastantes productos que intentan ayudar a equilibrar.

¿Qué es la piel atópica?

Para quienes no estén familiarizados con el término, podemos decir que la piel atópica es aquella que sufre de dermatitis. Este es un trastorno que provoca sensación de picazón y enrojecimiento de alguna zona de la piel. No está muy claro qué la causa, aunque los expertos apuntan a un origen genético que puede verse afectado por el entorno.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que puede aparecer a cualquier edad, incluidos los primeros años de vida, y que hay determinados factores que pueden agravar los síntomas. El estrés una mala alimentación y la falta de cuidados en la piel son algunos de ellos.

Pasos y cuidado de la piel atópica

Si nos ha tocado convivir con una piel atópica, tendremos que darle los cuidados que precisa y el primero y más importante es hidratarla en condiciones. Una alimentación sana nos ayudará a cuidarnos desde dentro, pero tenemos que aplicar de forma regular una crema que le otorgue ese extra de hidratación que necesita.

Para ello, lo mejor es recurrir a formulaciones específicas, ya que este tipo de pieles tienen tendencia a la sequedad y si no tenemos cuidado pueden incluso descamarse. También es habitual la sensación de picazón, que muchas veces lleva a rascar la zona afectada y eso, en lugar de hacer que pare, aumenta la sensación.

Hidratación y mucho cuidado

Dada esa tendencia a la sequedad, nuestros esfuerzos tienen que centrarse en ayudar a la piel a mantener esa hidratación, y eso no solo pasa por aplicar cremas que la nutran -mejor si lo hacemos un par de veces al día, especialmente en periodos en los que esté especialmente alterada-.

También necesitamos que las limpiezas no sean demasiado agresivas. Por ello, sí se trata del rostro, lo limpiaremos con algodones y fórmulas suaves, nada irritantes como un agua micelar.

Y si se trata del resto del cuerpo, entonces tendremos que poner especial atención no solo en los geles de ducha que utilizamos o en la crema que nos aplicaremos al salir, sino también en la esponja, porque hay que buscar una suave y que no irrite la piel.

Con estos cuidados es muy probable que notemos cómo nuestra piel no sufre tanto. No obstante, si la sensación de picazón es constante y notamos que la piel se descama sin que podamos hacer nada, lo mejor es que recurramos a nuestro dermatólogo. Son los especialistas quienes mejor pueden aconsejarnos y darnos las pautas a seguir para tratarlo.