Solemos preocuparnos por los efectos del sol en nuestra piel cuando suben las temperaturas y cuando llega el verano, pero los dermatólogos lo advierten: hay que cuidar la piel y protegerse de los rayos en cualquier época del año.


Nos constó años hacernos a la idea, pero parece que las campañas de concienciación, calaron hondo. Afortunadamente es complicado encontrar en nuestros días a gente que no tenga claro que hay que protegerse de los rayos del sol cuando se va a a la playa. Sin embargo, no está tan extendida la idea de que esa misma protección hay que mantenerla durante todo el año, porque aunque el sol caliente con menos fuerza, los rayos perjudiciales pueden actuar de la misma forma si uno se expone durante mucho rato a ellos.

Además, los dermatólogos lo tienen claro: protegerse de los efectos nocivos del sol es el mejor tratamiento antienvejecimento que existe. Esto no quiere decir que dejemos de ver al astro rey, porque lo necesitamos para que nos aporte y active la vitamina D, necesaria para muchos procesos biológicos, pero especialmente implicada en algunos como la fijación del calcio en los huesos.

Tomar el sol, sí, pero con cuidado

De hecho, no deja de ser paradójico que en España, uno de los países que más horas de sol tiene al año, un porcentaje muy elevado de la población tenga déficit de vitamina D –algunos estudios hablan de un 40% de la población adulta-. Las razones que aducen los expertos son muy variopintas y podrían estar entremezcladas: pasamos muchas horas encerrados en casas y oficinas, podemos estar rodeados de demasiados tóxicos en la vida diaria y no llevar una dieta adecuada.

Por ello y dado que la principal fuente de vitamina D es la exposición a la luz solar, es recomendable que nos vea todos los días. Sin embargo, hay que tomar precauciones y tener cuidado de no pasearse demasiado en las horas centrales del día, especialmente cuando hace mucho calor y proteger la piel del rostro siempre.

En verano, además de la protección es recomendable cubrirse con sombreros y gafas para evitar el envejecimiento prematuro y la aparición de manchas derivada del sol. Y durante el invierno podemos encontrar formulaciones en crema que nos protejan y que a la vez cumplan funciones de hidratación o incluso de cobertura.

El protector solar, un gesto más

Lo importante es que asimilemos que aplicarse protección solar en el rostro debe ser un gesto más integrado dentro de nuestras rutinas diarias de belleza. Y esto es válido no solo para quienes tienen una tez blanca y riesgo de quemarse si se exponen demasiado, también las pieles con más melanina tienen que protegerse de los rayos.

Este tipo de pieles, las más oscuras quizá no corran el peligro de quemarse, pero sí pueden notar ese envejecimiento de la piel por la pérdida de hidratación y de colágeno de la piel. Además pueden tener que lidiar con la hiperpigmentación porque sufran la aparición de manchas. Así que, seas como seas, busca un buen protector solar y póntelo sobre la piel cada día.