Que no presenten problemas tan visibles como los que deja el acné o la piel grasa no significa que no necesiten un tratamiento específico. Las pieles maduras necesitan los mismos mimos que cualquier otra.


No nos cansamos de repetirlo: no existe la crema infalible. Existen cosméticos muy efectivos y cosméticos que son capaces de obrar verdaderos milagros, pero lo hacen solo cuando encajan con las necesidades específicas de un tipo de piel. Por eso lo más importante a la hora de elegir nuestros cosméticos lo importante es escucharnos y buscar los más adecuados.

Muchas veces, quizá inconscientemente, acabamos escogiendo un producto por sus características físicas, por su olor o por el packaging, no porque sea lo que realmente necesita nuestra piel. Otras, pensamos que nuestra piel carece de una serie de nutrientes y en realidad los problemas a resolver son otros. Y eso sucede especialmente con las pieles maduras.

Mimar y nutrir

Lo que denominamos pieles maduras es el resultado de los agentes del paso del tiempo sobre nuestra epidermis. Con el paso de los años nuestra piel se va volviendo más fina y por ende, también más frágil. Además, la reproducción celular se vuelve más lenta, lo que conlleva también que le cueste más recuperar su tono.

Normalmente queremos resolver este problema a base de hidratación, pero llegados a este punto, aunque mantener el nivel hídrico es siempre una buena idea, este tiempo de pieles necesitan además, nutrición. Por eso, hay que escuchar las señales e identificar cuando nuestra piel se ha convertido efectivamente en una piel madura.

Signos de la piel madura

Son muchos son detalles que nos indican que nuestra piel ya está en su madurez, porque presenta una serie de características. Unas son tan conocidas como la pérdida de firmeza y de elasticidad o las temidas arrugas, pero otras quizá reciben menos atención y son igual de importantes.

En ese grupo se encuadran por ejemplo las manchas sobre la piel producidas por la hiperpigmentación. También el cambio de tono general, si este se presenta macilento, es señal inequívoca. Pero son las únicas, porque la falta de luminosidad una vez pasados los 35 y la falta de hidratación pueden ser signos de que la piel ha cambiado y ahora requiere de otros cuidados.

Rutinas para cuidarla

Si queremos reactivar las pieles maduras y que muestren su mejor aspecto hay que tener en cuenta varios factores. El primero es la alimentación y la hidratación. Lo que hacemos con nuestro cuerpo en el interior se refleja en el exterior. Una dieta y una vida sanas siempre serán más beneficiosas para nuestra piel que unas llenas de productos procesados o que incluyan tóxicos como el alcohol o el tabaco.

El segundo, es ser muy constantes con las rutinas de belleza. Hay que hidratar y nutrir la piel para que no esté tirante y así no se formen las arrugas o no se marquen aún más. Y eso hay que hacerlo con una crema adecuada, pero además es recomendable complementarlo con una mascarilla. Solo nos llevará un rato, pero los resultados serán notables. De este modo, dado que ahora es más fina de lo que era antes, la ayudaremos a protegerse de los agentes externos y le daremos un plus de luminosidad.