La tecnología ha permitido que podamos seguir disfrutando del sabor de algunas elaboraciones habitualmente muy calóricas sin exceso de grasa. Las freidoras sin aceite son uno de los ejemplos más claros.


Cuando salieron al mercado, pocos creían que fueran a cumplir lo que prometían: freír con solo una cucharada de aceite y no convertir el plato en un sucedáneo del original. Y, aunque los primeros modelos no eran lo más acertado, después de diez años en el mercado, la cosa ha mejorado y mucho. Tanto es así, que son muchas las marcas de pequeños electrodomésticos que tienen su modelo estrella dentro de la gama de las llamadas freidoras sin aceite.

¿Cómo funcionan?

Esa es la gran pregunta que todos nos hacemos cuando escuchamos hablar de algo que fríe sin utilizar apenas elementos grasos. Pero el sistema de estos aparatos es bastante sencillo: funcionan de manera similar a un horno. Lo que hacen es hacer circular el aire caliente que es lo que finalmente hace que los alimentos se cocinen. Este sistema permite que con una sola cucharada de aceite aquello que queramos preparar quede cocinado con una textura similar a la de la fritura.

Como podrás observar en nuestra selección, por norma general tienen un tamaño medio, parecido al de algunas licuadoras o amasadoras, y caben en cualquier encimera. Todas tienen un depósito, de distintas dimensiones según el caso, en el que van colocados los alimentos que se quieren cocinar, aunque algunas incluyen también una bandeja más, de forma que puedas hacer dos cosas a la vez.

Los alimentos y la limpieza

Te preguntarás qué se puede cocinar en una freidora de estas características y la respuesta es fácil: casi de todo. Lógicamente, las patatas fritas, que son lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en frituras, son una de las opciones, pero también es útil para muslos o alitas de pollo, pescado o incluso huevos, que no quedarán con la puntilla que tendrían en una sartén con el aceite hirviendo, pero estarán igual de sabrosos… y menos grasientos.

No obstante, al utilizar una cantidad menor de grasa estos aparatos cuentan con varias ventajas frente a la freidora tradicional. La primera y más evidente es la bajada de calorías en la ingesta. Al utilizar una menor cantidad de aceite, el plato que preparemos es menos calórico y tiene menos grasas, lo que lo hace también más saludable que su versión frita –ojo, solo reduce las calorías en comparación con su versión más aceitosa, no vayamos a aumentar la ración bajo esa excusa-.

La segunda es que es mucho más fácil de limpiar que la versión tradicional de la freidora por las mismas razones, no tienen tanta cantidad de aceite, por lo tanto no es necesario pasar un buen rato frotando. Además, como cuentan con un compartimento específico para los alimentos, basta con que saquemos ese apartado y lo limpiemos. A veces incluso podemos ponerlo directamente en el lavavajillas.