El papel de las paredes ha regresado para cambiar espacios y complementar a la pintura para crear nuevos espacios o renovar los ya existentes. Ficha estas ideas para darle un toque distinto a tu casa.


Como sucede en la moda, parece que en la decoración también acaban regresando todas las tendencias. Pero eso sí, revisadas y modificadas. Lo de poner papel en las paredes pareció durante dos décadas una elección anticuada, una tendencia ochentera que denotaba pasotismo a la hora de mejorar la decoración, pero las cosas han cambiado.

Si echamos un ojo a restaurantes de moda, tiendas decoración y hasta de complementos, el papel pintado ha regresado con fuerza. Eso sí, con estampados totalmente diferentes y con unos usos distintos a los que conocíamos hasta el momento.

El papel, a trozos

Porque si en los 80 el papel servía para dar un aspecto homogéneo a las paredes de una habitación –cuando no, en muchos casos, de manera eficaz para tapar algunos desperfectos- ahora el papel tiene otra vida. Lo ideal ahora es utilizarlo solo en una parte de la estancia y coordinado con el resto de la decoración.

Así entre los trabajos de los decoradores nos encontramos con estancias en las que tres de las paredes están rematadas con pintura –siempre lisa, el gotelé ya hace muchos años que, por fortuna, pasó a mejor vida- y otra con un papel pintado coordinado con los colores elegidos.

Si es en un dormitorio, este efecto es ideal para que el papel pintado vaya sobre la pared en la que está apoyada la cama. De este modo, si elegimos uno adecuado puede hasta hacer las veces de cabecero o complementarlo. Y si lo aplicamos en el espacio de los más pequeños es una buena forma de incluir dibujos de temática infantil y crear un hilo conductor.

Si hacemos esto en un salón, puede servir para generar un nuevo ambiente en una zona determinada. En esa estancia, combinado con los muebles y pequeños toques, dé la sensación de estar en una estancia diferente sin haber salido de la misma habitación.

Los colores y los estampados

Es momento de olvidarse de los toques barrocos que tanto gustaban hace unos años. Ese tipo de papeles pintados siguen teniendo cabida pero en espacios muy puntuales y tienen que ir muy acordes a la estancia. Ahora lo que prima son los tonos naturales.

Igual que en las paredes la tendencia es a los tonos neutro, más bien claros por aquello de que la luz inunde la estancia y la haga parecer más grande, los papeles pintados siguen la misma línea. En el mercado encontramos opciones con tendencia a imitar la naturaleza, así hay dibujos simulando a madera o piedras y también con dibujos de hojas en distintos tonos.

A la hora de elegir, lo mejor que podemos hacer es pensar en qué línea queremos seguir con los muebles y las paredes y también cómo está el resto de la casa. No queramos montar una cabaña de invierno, de montaña en una casa en la costa mediterránea en la que todo está decorado de estilo rústico sí, pero pensado para los días más calurosos del año.