No todas las pieles necesitan los mismos cuidados. Ficha estas ideas para saber cómo tratar tu piel en cada momento y darle lo más adecuado para ella.


No todas las pieles son iguales. Y cuidar de la nuestra de la mejor forma posible pasa por conocerla bien. Eso es fundamental para poder elegir los productos que mejor se ajustan a sus necesidades y que se mantenga en condiciones óptimas durante todo el año.

Hay tres grandes tipologías en las que se agrupa nuestra piel. Está, por un lado, la piel grasa, más habitual en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta. Por otro, la piel seca, una tipología que puede darse a cualquier edad, aunque suele ser más frecuente en la madurez, cuando la piel va perdiendo elasticidad e hidratación.

Y por último está la piel mixta, que comparte rasgos de las dos anteriores, con zonas con tendencia a engrasarse –que suelen localizarse alrededor de la nariz, el la frente y la barbilla. Y zonas más secas, como los pómulos.

 Hidratación y limpieza

Aunque, como decimos, cada piel es diferente y exige de una serie de cuidados distintos, hay algo en lo que se parecen. Sean como sean, todos los cutis necesitan de dos cosas: limpieza e hidratación. Ahora bien, el quid de la cuestión está en cómo dárselas para que resulten beneficiosas.

Así, a la hora de limpiar la piel debemos fijarnos en la formulación del producto que usemos. No todos los limpiadores son adecuados para todos los tipos de pieles. Si nuestra piel tiene tendencia a la sequedad o ha perdido hidratación debemos evitar los limpiadores más fuertes y aquellos que contengan ingredientes granulados para favorecer una exfoliación mecánica.

Estos deben quedar reservados para las pieles con tendencia seborreica que, además, agradecerán que liberemos de vez en cuando la suciedad acumulada en la capa superior de la dermis. Eso sí, incluso en estos casos, tenemos que tener cuidado y no abusar de este tipo de jabones, que pueden irritar un poco la piel.

Limpieza suave y cuidada

Si tenemos la piel grasa o mixta, para el día a día será mejor que recurramos a la limpieza mediante fórmulas más suaves, existen limpiadores con formulaciones naturales que ayudan a controlar la producción de sebo sin necesidad de recurrir a los elementos mecánicos.

Para las pieles más sensibles lo mejor es que extrememos la precaución para evitar irritarlas. Para ello lo mejor es decantarse por fórmulas específicas, como las aguas micelares o las leches limpiadoras. Estamos acostumbrados a utilizarlas para desmaquillar, pero estas limpiadoras pueden ser potentes también con la suciedad sin alterar la piel ni lo más mínimo. Todo un reto que muchas cumplen con creces.