Ficha estos trucos y envases para ayudarte a mantener el orden y la calidad de los alimentos tanto antes como después de cocinarlos.


La organización es clave en la cocina. Lo es para cocinar con cierta destreza y no perderse en los pasos, pero también para no desaprovechar absolutamente nada. Por eso, ahora que aún seguimos pasando tiempo en casa y cocinando más de lo habitual es fundamental tener todo bien organizado en nuestra nevera… y en nuestra cabeza.

Porque necesitamos saber qué precisamos para cada elaboración para hacer bien la compra y no quedarnos cortos pero que tampoco se nos estropeen los productos en el frigorífico. No en vano según los datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación cada español tira anualmente 179 kilos de alimentos. Es decir, somos el séptimo país que más residuos de este tipo genera.

Cómo atajarlo

En primero lugar, lo más aconsejable sería centrar nuestra alimentación en un consumo de productos de temporada. Es decir, centrarnos en los alimentos que son propios de cada época, así tendremos una alimentación más equilibrada y también lograremos ahorrar dinero, porque suelen estar a mejor precio.

En segundo lugar, organizar nuestras comidas y cenas. Esto se puede lograr con una tabla y aunque parece tedioso, al final supone dedicar un rato, un único día de la semana, a pensar y organizar el calendario de comidas –que además será el complemento perfecto para el que los niños tengan en el colegio- en lugar de hacerlo justo antes de cada comida. En base a ese calendario, ir a hacer la compra. De este modo nos ahorramos aumentar el gasto visitando una única vez el mercado o supermercado en lugar de hacerlo siete.

Almacenando de manera adecuada

Y en tercer lugar, cocinando y reservando. Vamos, la tartera que toda madre a enviado a sus hijos cuando se van de casa. Porque hay veces que cocinamos de más y es mejor reservar ese excedente para otro momento. O simplemente, hay quien no tiene demasiado tiempo y prefiere realizar gran parte del cocinado en una tarde y ya tener para toda la semana. Es lo que ahora llaman batch cooking y que siempre hemos conocido como ser previsor y prepararse los tuppers para la semana.

Si os animáis a esto, que es muy útil con algunos platos, que además no pierden ni un ápice de sabor o textura por estar refrigerados o congelados, tened en cuenta que necesitáis un buen sistema para almacenarlos y colocarlos.

Este sistema comienza por una buena elección del recipiente en el que vamos a guardarlo. Para elegir el más adecuado tenemos que tener en cuenta la textura de lo que queremos guardar (no es lo mismo una sopa que un plato con salsa o fruta fresca cortada) y también qué cambios de temperatura va a sufrir después. Es decir, si va al congelador o la nevera y si va a necesitar un toque de microondas o si va tal cual, a temperatura ambiente.

Cristal y plástico, dos versiones

En estos casos tendremos que valorar qué material es conveniente utilizar. Si vamos a calentar el contenido directamente en la tartera, entonces, sin duda, la mejor opción son los tuppers de cristal, a poder ser con posibilidad de cierre al vacío para que se conserven mejor, y un sistema para abrir un poco ese vacío a la hora de calentarlo.

Si va a ir directo a una cazuela porque preferimos que haga un poquito de ‘chup chup’ antes de servirlo, entonces el plástico puede ser buena idea, ya que pesa menos y es más fácil de manipular para que salga todo el contenido aunque esté congelado.

Por último, las bolsas de congelación también constituyen una buena forma de almacenaje, pero hay que tener cuidado con los platos que vayan en textura viscosa, porque hasta que se congelen podemos encontrarnos con alguna sorpresa no demasiado agradable en el congelador cuando volvamos a abrirlo.

Además, es importante que escribamos lo que hay y la fecha en la que lo envasamos en una parte visible del recipiente. De esta forma sabremos qué alimentos tendremos que consumir antes y no equivocarnos con los tuppers.