Ha llegado el momento de mostrar nuestra mejor cara. Consíguelo con un solo gesto y un par de toques.


Un toque de luz en el lugar adecuado puede hacer que nuestro rostro cambie. Los grandes pintores lo saben y es algo que los fotógrafos controlan como nadie y que aprovechan para hacer su trabajo con pericia. Pero que también puede aplicarse al maquillaje y de lo que el común de los mortales podemos tomar buena nota y probar en nuestro rostro.

La luz que desprende el rostro es un detalle importante que nos ayuda a tener buena cara y a parecer más relajados. Pero si tenemos un mal día o nuestra piel aún no tiene el aspecto que desearíamos y tiene un tono grisáceo, podemos solucionarlo con la cosmética.

Los polvos iluminadores y su uso

Desde hace unos años proliferan en cosmética los iluminadores. Los hay en distintos formatos, desde textura fluida a la más utilizada, los polvos compactos. Esta última textura permite un efecto más difuminado y que  podamos aplicarlo en distintas zonas del rostro, lo que deja un acabado más natural.

Estos polvos además son bastante versátiles, porque podemos aplicarlos o bien sobre el maquillaje, como toque final, o bien directamente sobre la piel, para dar luz en zonas concretas y conseguir una imagen revitalizada en pocos minutos.

Cómo y donde aplicarlos

Lo importante de los polvos iluminadores es saber cómo y sobre todo, dónde aplicarlos en el rostro para que cumplan con su función. Y hay varias zonas claras. La primera es la parte inferior de la ceja, lo que conocemos como el arco. Ahí un toque de luz nos ayudará a hacer que parezca que el ojo es más grande y el párpado está más levantado.

Del mismo modo, si aplicamos un poco en la zona del lagrimal y otro poco bajo el párpado inferior, parecerá que tenemos la mirada más abierta. Y si hacemos lo propio a lo largo de la nariz, daremos la sensación de que esta está más definida.

Labios y pómulos

El iluminador es de gran ayuda para jugar con las formas y los volúmenes de nuestro rostro. Por eso, bien aplicado puede hacer que nuestros pómulos parezcan más marcados o nuestros labios más voluminosos. Para lo primero, debemos aplicar los polvos un poco más arriba de las mejillas. Para lo segundo, un poco en el arco de cupido.

En ambos casos, es importante aplicar y luego difuminar para que quede con un aspecto totalmente natural. No obstante, si lo que queremos es iluminar la piel en general y que nuestro rostro desprenda esa luz, hay  que aplicarlo en otros puntos estratégicos como son el centro de la frente y la barbilla. Y recuerda, hay que difuminarlo siempre bien.