La educación emocional es tan fascinante como complicada de abordar. Afortunadamente la literatura puede ayudarnos a encontrar el camino.


Comprender y aceptar nuestras emociones son dos de las cosas más complicadas de hacer en la vida. Afortunadamente nunca es tarde para aprender y, seguramente, sean muchos los adultos que estos días estén aprendiendo sobre sus propias emociones al abordar la aventura que supone enseñar a sus hijos a gestionar las suyas.

Educar a alguien es una de las tareas más complejas a las que nos enfrentamos en la vida, pero también de las más gratificantes cuando vemos que el esfuerzo y la energía empleada en ello se ver recompensada con resultados positivos. Pero en esos procesos de educación, aprendizaje y enseñanza niños y padres pasan por todos los estados de ánimo posibles y por situaciones que suponen un desafío.

La literatura infantil como apoyo

En esos procesos los cuentos pueden ser de mucha ayuda. Por suerte, hay un nutrido grupo de escritores enfocados en esta temática y encontramos en el mercado literario bastantes obras que nos pueden echar una mano a la hora de gestionar pequeños grandes conflictos diarios.

Para leerlos, podemos aprovechar esos instantes de tranquilidad cuando los niños están recién acostados. Así fomentaremos el hábito de la lectura, pero además, al incluirla en las rutinas previas al sueño, esta hará crecer su imaginación, les ayudará a calmarse, a descansar mejor y puede ser un buen momento para que retengan con mayor facilidad algunos conceptos que pueden ser muy útiles en el futuro.

Las emociones y los conflictos

Como decíamos, la gestión emocional es un reto a cualquier edad pero en la infancia podemos abordarla con las herramientas más adecuadas para trabajar este aspecto con los niños: desde el juego y la imaginación.

El primer paso para comprender lo que sentimos y por qué lo sentimos es identificarlo. En esta parte del proceso pueden ayudarnos libros como ‘El monstruo de colores’, que enseña a los pequeños a ver mediante el uso del color cómo se sienten en cada momento. O ‘¿Qué bigotes me pasa?’, una obra que además lo aborda desde la diversión y el humor. Sin batallas y sin juicios, algo muy importante para una buena salud emocional.

Porque las emociones no son otra cosa que las reacciones psicofisiológicas que damos ante estímulos que percibimos. Son una adaptación evolutiva que nos sirve para sobrevivir, relacionaros con el mundo y mantenernos en equilibrio. Por eso, el trabajo en cuanto a las emociones debe ir más en la línea del conocimiento y la aceptación que en la de la lucha, por mucho que algunas, como la tristeza o el asco, generen sensaciones no demasiado agradables.

Un universo de aprendizaje

La teoría parece fácil: identificar y aceptar. Pero la práctica se vuelve compleja a medida que vamos creciendo, porque vamos descubriendo nuestro lugar en el mundo, la percepción que tenemos de nosotros mismos y también nuestra relación con los demás. Por eso está bien echar mano de obras como ‘¿A qué sabe la luna?’ Para fomentar el trabajo en equipo o ‘Mabel y la montaña’ para subrayar la importancia de creer en uno mismo y superar nuevos retos.

Pueden ser útiles también libros como ‘Tú y yo. El libro más bonito del mundo’ para ayudar a los más pequeños a tratar el tema de la llegada de un nuevo hermano a casa. O para tratar otros asuntos complejos, como la diversidad, podemos apoyarnos en obras como ‘Por cuatro esquinitas de nada’.

Para gestionar la relación con lo material podemos echar mano de ‘¡Demasiadas cosas!’ y para inculcar el valor de la amistad en ‘La ovejita que vino a cenar’. Y con ‘Buscar’, podemos enseñarles a tener claro algo que a veces a los adultos se nos olvida: que lo que importa y nos hace felices en ocasiones está más cerca de lo que pensamos.