Con la llegada del calor parece que las opciones de maridaje se reducen, pero nada más lejos de la realidad, el mundo del vino es tan amplio y tan complejo que hay opciones para todos los gustos y también para todas las épocas del año.


Llega el verano y con él, la subida de temperaturas y también el cambio de hábitos. Lo hacemos con nuestro armario y nuestro perfume, pero también con lo que comemos y bebemos. La ensaladilla sustituye a las sopas, las ensaladas frescas a los platos de cuchara y cambiamos el modo en el que nos tomamos el aperitivo.

En nuestro país la cerveza siempre ha sido la gran reina de ese momento previo a las comidas y también de las tardes de terraza de nuestro país. Pero esta bebida se impone especialmente en verano, cuando parece que el cuerpo requiere de algo fresco para pasar los rigores del estío.

Pero el vino sigue teniendo sus defensores. Aunque son muchos los dejan de consumirlo por estas fechas, en muchos casos por una cuestión de temperaturas. Y eso es algo que puede subsanarse simplemente pidiendo una cubitera o eligiendo otras opciones más frescas que acompañen a la estación, porque haberlas, como las meigas, ‘haylas’.

La temperatura del vino

El tema del calor afecta especialmente a los bebedores de tinto, que suele conservarse y servirse a una temperatura más elevada y por tanto se antoja en estas fechas más difícil de beber. Reza la teoría que la temperatura de servicio de estos vinos debe estar entre los 14 y los 18 grados centígrados, algo quizá excesivo para muchos, que acaban decantándose por la consabida cerveza o por ese invento llamado tinto de verano.

Pero cuando aprieta el calor, a ese reducto de incondicionales del vino siempre les quedarán los blancos y la gran revelación de estas últimas temporadas: los rosados. Desde hace relativamente pocos años están cobrando fuerza y se están haciendo cosas muy interesantes en distintas bodegas de nuestro país en un campo que antes parecía reservado solo a la Provenza francesa.

Un vino fresco, por favor

La temperatura de servicio de estos vinos oscila entre los 6 y 10 grados en el caso de los blancos –más baja para los más dulces, un poco más alta para los blancos que tienen mucho cuerpo o aquellos casos que tiene un poco de roble-  y los 7 y los 10 grados más o menos en el caso de los rosados.

Para mantener la temperatura, como decíamos, lo mejor es una buena cubitera, pero si estamos en casa, hay quien deja caer un cubito en la copa. Frente a eso, y para bajar la temperatura rápidamente, podemos hacer otra cosa: congelar uvas. De este modo serán lo que luego puedes introducir en la copa para que refrigere el vino sin diluirlo como haría el agua de un cubito.

Blancos y rosados tranquilos

Por eso este tipo de vinos se convierte en una gran apuesta para las calurosas noches de verano. Nosotros nos hemos centrado en opciones dentro de lo que se conoce como vinos tranquilos, sin aguja ni licor, pero existen otras opciones igual de refrescantes, como el cava y el champagne, que merecen una consideración aparte.

En esta ocasión hemos seleccionado cinco opciones de vinos tranquilos con diferentes variedades de uva y realizados en distintas denominaciones de origen de nuestro país, todas con el punto en común de tener toques frescos.

Así, viajaremos desde la costa gallega con la albariño hasta la comarca del Somontano, en Huesca, con una variedad nacida en las orillas de Rin que se ha adaptado bien al terreno en ese punto de nuestra geografía. Todo para encontrar el vino que se adapte a las noches de verano.