Victoria, de 35 años, sabe muy bien lo que supone vivir con una enfermedad que limita y condiciona la forma de vida de las personas. Su propio marido, Daniel Westling, que tiene cuatro años más que ella, tuvo que ser sometido a un trasplante de riñón en mayo de 2009, un año antes de su boda con la heredera sueca, a causa de un fallo renal provocado por una enfermedad congénita, aunque no hereditaria.

Ahora, todas aquellas preocupaciones han quedado relegadas. Después de su enlace con Daniel, las fotos que reflejaban al detalle la felicidad de la hija mayor de los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia dieron la vuelta al mundo, y otro tanto ocurrió cuando el 23 de febrero de 2011 vino al mundo la princesa Estelle, la primera hija de la pareja. De hecho, en los últimos tiempos es difícil ver imágenes de Victoria en las que no luzca una enorme y franca sonrisa de total felicidad.

 La sonrisa de Victoria refleja su felicidad.

Desde su boda y el nacimiento de la princesa Estelle, no hay foto en la que Victoria no aparezca con esta amplia sonrisa, reflejo de su felicidad.