La Reina hachemita se lanzó a conducir por las calles de Ammán para descubrir algunas de las obras de arte urbano de la ciudad…


Un día soleado, una mujer coge su coche y se lanza a recorrer las calles… Pero no es una señora cualquiera, sino toda una reina. En su camino disfruta del ambiente, observa el movimiento de la gente. Podríamos suponer que apenas sale de palacio y menos sin contar con los servicios de un chófer. Pero no siempre es así. En un momento se fija en algo, ¿qué es? Oh, es la fachada de un edificio ocupada de arriba a abajo por un inmenso graffiti. La curiosidad hace que se baje del automóvil y decida recrearse unos instantes sobre esta obra de arte urbano. Saca su móvil y le hace una foto. No solo eso; también decide subirla a sus redes sociales. Y eso que esta ‘royal’ apenas comparte contenido más allá de sus actividades oficiales. Desde luego, esto le ha llamado poderosamente la atención.

Pero, está bien, ¿quién es esta soberana metida a turista accidental? En la foto la vemos con melena larga y suelta, una figura delgada… ¡Rania de Jordania! Sí, la esposa del rey Abdulá no tiene inconveniente en mezclarse con su pueblo, o algo parecido. No dudamos de que llevaría escolta, pero la imagen cuanto menos es bastante curiosa. Vestida con un blusón de rayas blanco y rosa ceñido con un cinturón fino, de la firma LemLem, la reina se deja seducir por un poderoso retrato masculino.

La historia detrás de esta ‘escapada’ por Ammán es que Rania quiso descubrir los murales de la calle Baladk, que forman parte de Festival de Arte Urbano. Una iniciativa organizada por el Teatro Al Balad, en colaboración con varios artistas e instituciones, que dura ocho días. El lema de la edición de este año es «El Arte es el entorno y el entorno es arte».

Rania de Jordania celebró su 50 cumpleaños el pasado 31 de agosto. Una edad redonda, especial, que sin embargo no pudo celebrar según sus costumbres dada la situación sanitaria planetaria derivada de la pandemia. Para su 40 aniversario, por ejemplo, organizó una macrofiesta en el desierto de Wadi Rum, por la que por cierto fue bastante criticada. En los últimos años la reina ha optado por un perfil más discreto, motivado sobre todo por la repercusión de las llamadas Primaveras Árabes, un movimiento que reclamaba la apertura de libertades en muchos países musulmanes. Aunque en Jordania no fue de los más relevantes, sí supuso un aviso importante a navegantes.

A partir de ese momento, la soberana consorte decidió enfocarse más en cultivar su perfil social y solidario que el glamouroso. Sus apariciones públicas se redujeron notablemente, y cuando se mostraba lo era para promover y apoyar ciertas causas nobles, en especial las de la educación y la emancipación de la mujer musulmana. Así continúa. También ha aparcado un poco más las firmas de moda internacionales para vestir cada vez con más frecuencia los tradicionales caftanes de Oriente Medio. Ahora se deja fotografiar con la gente de a pie, tomando un té, abrazada a las personas menos favorecidas… E incluso como una viandante más cautivada por un graffiti.