Dentro del marco de sobriedad y ausencia de boato que han buscado Matilde y Felipe de Bélgica desde el minuto uno de su entronización, estas vacaciones, «donde siempre, como siempre, sin cambio alguno sobre las que han disfrutado con sus hijos anteriormente», han sufrido una sola modificación, pues el rey Felipe I y la duquesa de Brabante y princesa heredera, Elisabeth, no pudieron viajar en el mismo avión con el fin de garantizar la continuidad de la corona en caso de accidente, como marcan las normas de seguridad del Estado.

Felipe y Matilde, reyes belgas, en la isla de Yeu

Matilde, de 40 años, y Felipe, de 53, son los nuevos reyes de Bélgica desde el pasado 21 de julio.

Ajenos a los cambios protocolarios que empiezan a marcar sus vidas y que la reina Matilde procura que afecten lo menos posible a sus hijos, Elisabeth, Gabriel, Emmanuel y Eleonor fueron los divertidos protagonistas del posado real en Yeu.

Gabriel, Elisabeth, Eleonor y Emmanuel, los cuatro hijos de los reyes belgas en Yeu

Los cuatro hijos de los reyes de los belgas, de izquierda a derecha:  Gabriel (10); Elisabeth (12), la heredera; Eleonor (5); y Emmanuel (8). Ellos fueron las estrellas del posado familiar de verano.

El rey Felipe es un enamorado de esta isla de 23, 2 kilómetros cuadrados situada a 18 kilómetros de la costa francesa, la isla atlántica más alejada de la parte continental. En este paraje perdido y recóndito de la costa de Vendée, el rey, Matilde y los niños, disfrutan de unas vacaciones lejos de miradas indiscretas y llevando una vida muy cerca de la naturaleza y sin lujos. De nuevo la sobriedad y la elegancia marcan la pauta del estilismo real.

Los reyes belgas, Felipe y Matilde, con sus cuatro hijos, Emmanuel, Elisabeth, Eleonor y Gabriel, en la isla de Yeu

La primera familia belga, felices y unidos en el arranque de sus vacaciones de verano en una isla recóndita, donde disfrutan de privacidad e intimidad.

Matilde de Bélgica se está revelando como una figura determinante en esta nueva etapa que ahora comienza en aquel país, con el recién reinado de Felipe I. Su esposo tuvo ya palabras de reconocimiento en la misma ceremonia de entronización, en la jura de la Constitución. Allí el nuevo rey dibujó la figura de Matilde como el mayor puntal de apoyo en este período que inicia: “Me doy cuenta de la suerte que tengo al contar con el apoyo permanente de mi esposa. Querida Matilde, desde hace años estás comprometida de todo corazón con numerosas actividades. Tienes un sentido innato para el contacto humano”.

Matilde y sus hijas, Eleonor y Elisabeth en bicicleta en la isla de Yeu

Fotografiadas en el extremo sureste de la isla, «Point of Crows», Matilde, seguida por sus hijas: Eleonor (muy cerca y justo detrás de la reina) y Elisabeth, duquesa de Brabante y princesa heredera.

No sólo  Matilde es el primer apoyo del rey, también se ha convertido en centro de todas las miradas desde el pasado 21 de julio. Su elección de indumentaria para las diferentes ceremonias, así como el estilismo de este inicio de vacaciones, dan buena cuenta de la llegada de un nuevo icono a las monarquías europeas, donde contrastará con el estilo de Máxima de Holanda, un llamativo contrapunto al clasicismo y extremada sencillez de Matilde, con la que, no obstante, coincide frecuentemente en sus modelos para actos oficiales. Las dos tienen como diseñador de cabecera al director creativo de la casa Natan, el belga Edouard Vermeulen.

La reina Matilde de Bélgica con su hijo Emmanuel en la isla de Yeu

La discreción, la serenidad y la elegancia de Matilde, le ha hecho ganarse el favor de sus conciudadanos, además es la primera reina belga y una gran madre.

Matilde, que adora la vida familiar, a la que se dedica en cuerpo y alma desde que se casó con  Felipe de Bélgica, ha conseguido acercar la Casa Real a los ciudadanos belgas, desde el nacimiento de la princesa heredera, Elisabeth, el 25 de octubre del 2001. A partir de ese instante se ha iniciado un auténtico idilio entre la nueva reina y su pueblo. Ahora empiezan juntos una nueva andadura para toda la familia tras la llegada al trono de Felipe I, su esposo, un tiempo en el que Matilde procurará que los sencillos hábitos que han presidido la vida cotidiana de sus hijos cambien lo menos posible… Algo que tendrá difícil en el caso de la heredera, ya con agenda oficial propia y responsabilidades y obligaciones específicas que transformarán notablemente la vida de la duquesa de Brabante.
Matilde y Felipe de Bélgica se alojan en el extremo sureste de la isla con sus hijos. Allí descansarán estos días que dedicarán, como otros años, a sencillas actividades: asisten a la escuela de vela francesa o hacen excursiones en bicicleta, el medio de transporte que habitualmente utilizan para desplazarse por la isla, también cuando asisten en familia a los oficios religiosos.