Como cierre del gran día, la Familia Real belga festejó la entronización de los reyes Felipe y Matilde a través de un brillante espectáculo nocturno de fuegos artificiales en el Palacio de las Academias, que contó con la presencia de los nuevos soberanos.

Fuegos artificiales en el fin de fiesta de la entronización de Alberto I de Belgica en Bruselas

Una hora antes de la medianoche, el cielo de Bruselas se llenó de luz, se celebraban las diez horas primeras horas del reinado Matilde y Felipe, que había jurado su cargo a la una de la tarde.

Dieciséis horas de ceremonias se cerraban a las 23 horas del domingo 21 de julio en Bruselas: UN REY SE DESPEDÍA DEL TRONO DE LOS BELGAS después de veinte años de reinado y su sucesor juraba el cargo. A las nueve de la mañana dio comienzo un programa extremadamente austero al que sólo asistió como invitado extranjero el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

Matilde y Felipe en los fuegos artificiales que clausuraron su primer día de reinado en Bruselas

Además de las solemnes ceremonias oficiales, hubo oportunidad para que Matilde y Felipe compartiesen su alegría con sus conciudadanos, en la recta final de la histórica jornada.

Empieza UNA NUEVA ERA EN BÉLGICA con la llegada de Felipe y Matilde al trono. Otra generación toma el relevo en aquella Corona europea y el estilo y sobriedad de los nuevos monarcas marcarán, sin duda, los tiempos venideros en los que la primera princesa heredera desde la fundación de la Casa Real de Bélgica, Elisabeth, de once años, ostentará el título de duquesa de Brabante, y está llamada a convertirse en la primera mujer reina en la casa de Wettin.

Felipe I será el séptimo rey de los belgas y Matilde, su esposa y soberana consorte, la primera reina nacida en Bélgica, desde 1831, en que se instauró la monarquía en el país.