Mientras su marido, el príncipe Felipe, se reunía con empresarios para tratar sobre futuras inversiones belgas, la princesa Matilde viajó a la aldea de Baan. La heredera belga visitó el centro de salud, recorrió el mercado donde se interesó por las especialidades locales y visitó la emisora de radio local, donde dirigió un mensaje de afecto y ánimo para que los habitantes de Baan sigan trabajando y prosperando.

La princesa Matilde fue objeto de un cariñoso recibimiento, aunque al estilo tailandés: todos en silencio, pero brindando generosas y amplias sonrisas. Es una peculiaridad de esta cultura que no dejó de sorprender a Matilde, acostumbrada a los aplausos o demostraciones folklóricas con que ha sido recibida en otros países. En la aldea se colgaron enormes retratos de la princesa, objeto de un respeto casi reverencial como miembro de una familia real, pues no podemos olvidar que en Tailandia veneran al rey como un dios vivo.

matilde de belgica

La heredera belga recorrió el mercado de la aldea.

matilde de belgica

La princesa emitió un mensaje desde la emisora de radio local.